Don Enrique: ¿Continuismo?

  • La posible continuidad en el poder de don Enrique depende de la discontinuidad que pueda establecer con su reciente pasado “de buen subordinado” al servicio público de Alemán

Cristiana Chamorro [email protected]

En un artículo publicado en junio pasado, que se titulaba “La Sucesión de Alemán”, que por cierto fue ganador del “Premio SIP 2000: Excelencia Periodística”, me adelanté a decir que Don Enrique Bolaños era la persona que sería designada por Alemán para ser candidato a la Presidencia de la República del Partido Liberal en el 2001.

Desde entonces, justifiqué mi análisis periodístico basándome en las siguientes informaciones comprobadas, hechos y verdades que con el tiempo se confirmaron:

1. En la cúpula liberal ha privado siempre la teoría de que entre más edad tenga el sucesor, más fácil el retorno de Alemán en el 2006. Asesores en imagen del Partido Liberal han comentado que un heredero mayor no compite con el relanzamiento del ex Presidente, quien dentro de cinco años puede hacer campaña explotando sus circunstancias de padre joven, con hijos recién nacidos en sus brazos.

2. Argumentaba también la creencia de que entre más años tenga el designado, más dependiente se vuelve del caudillo y del partido. Su mayoría de edad lo condiciona a seguir con las políticas de su antecesor y a tener prudencia en iniciativas propias.

3. Decía que en esa línea de sucesión figuras como Don Enrique Bolaños tenían más posibilidades que nadie. Además, señalaba que ante los ojos de Alemán, el ex Vicepresidente era ya un hombre probado como “un buen subordinado”, porque jamás cuestionó al Presidente Alemán en su enriquecimiento personal, en políticas de gobierno o en los actos de corrupción gubernamental.

4. A todas estas verdades sumaba la respuesta de los allegados a Don Enrique cuando preguntamos: “¿por qué Bolaños no ha combatido nunca la corrupción con la energía deseable? Sus discípulos me contestaron hace más de un año: “Don Enrique no se toma riesgos, no ha querido irritar a quien va a tener la decisión final”.

5. En ese artículo de junio revelé también que en círculos del capital y de opinión pública, la candidatura de Bolaños se cabildeaba desde entonces, en los siguientes términos:

Primero, como una oferta de seguridad para quienes otra vez votarían por temor a un regreso del sandinismo o Daniel Ortega.

Segundo, como un activo político importante para arrastrar votos conservadores “zancudos” que están indecisos e incómodos con el relevo generacional que ha ocurrido en el conservatismo.

Tercero, en negociaciones entre liberales el nombre de Don Enrique se presentaba como garantía de estabilidad partidaria. Decían que con Bolaños en la Presidencia, el diputado Alemán seguirá gobernando desde la Asamblea Nacional con una mayoría necesaria para mantener a la burocracia liberal en sus puestos públicos. Y al mismo tiempo se argumentaba que Alemán con sus diputados podría someter al nuevo Titular del Ejecutivo, al igual que durante sus años en la Vicepresidencia.

La sucesión liberal planteada en estos términos, por sí misma y por ahora, sólo ofrece el continuismo del sistema existente y la sostenibilidad de Alemán en el poder. Sin embargo, Don Enrique tiene un chance de nueve meses para demostrar que su candidatura no significa la continuidad de cinco años más atrapados en la corrupción de un forzado sistema bicaudillista.

No me toca a mi enumerar las acciones que tiene que tomar Don Enrique para convencer de lo contrario, para probar su inocencia en el pacto y presentarse como un candidato sin responsabilidad en el retroceso institucional que ha vivido Nicaragua en los últimos años. Basta decir que su posible continuidad en el poder depende de la discontinuidad que pueda establecer con su reciente pasado “de buen subordinado” al servicio público de Alemán y de los acuerdos establecidos en el pacto liberosandinista.

En este sentido la ruptura de Don Enrique con el continuismo comienza con una verdadera reforma a la Ley Electoral que garantice su propia legitimidad como candidato más allá del liberalismo. Si el candidato liberal no da señales a lo inmediato de promover una rectificación a las reglas del pacto, tendremos que decir, como dicen en béisbol: es un jugador, que en materia de “probidad política” ya es “out por regla  

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