Róger Fischer*
Este año, siglo y milenio, traerá también un nuevo Presidente a Nicaragua. La oportunidad de vivir en una coyuntura de tiempo tan significativa es propicia para la reflexión patriótica. Es hora de pensar en un proyecto de nación viable en lo político, económico y social que nos ubique no sólo como país democrático sino también capaz de ser productivo y eficiente para encajar en un mundo global cada vez más exigente y competitivo.
La tesis de Humberto Ortega es correcta para sus intereses, cuando invita a su hermano a declinar sus aspiraciones presidenciales, pues sin decirlo, parte del supuesto que al perder las elecciones, Daniel continuaría siendo el líder indiscutible del sandinismo y si acaso el Frente se alzara con la victoria, el verdadero poder tras el trono sería el mismo Daniel, en una ecuación resuelta totalmente a favor de los hermanos Ortega Saavedra.
En el liberalismo, los postulados a la candidatura presidencial son todos estimables profesionales respetados por su amplia trayectoria privada y pública.
David Robleto Lang, es un joven destacado en los afanes cafetaleros, con iniciativa y capacidad ejecutiva, para algunos aún verde para estos trotes.
Eduardo Montealegre Rivas, es un banquero exitoso, magnífico ejecutivo, hombre educado y cordial a quien sus críticos señalan no haber detectado a tiempo la postura hondureña en cuanto a nuestras fronteras marítimas.
José Rizo Castellón, de abolengo liberal, atildado ideólogo, hombre culto y ameno, parece tener inhibiciones por razones de ciudadanía.
Enrique Bolaños Geyer, de ascendencia libero-conservadora es un magnífico empresario que en términos beisboleros llega a diferentes auditorios; confirmó recientemente su liberalismo en la última convención, tiene a su favor su lucha ante el sandinismo y la corrupción, y en su contra, su postura hacia el Ejército del que paradójicamente llegaría a ser el jefe supremo en el caso de ser Presidente de la República.
Iván Escobar Fornos, aparentemente tímido, ha sabido sortear desde su presidencia en la Asamblea Nacional, distintas acciones a veces violentas y desestabilizadoras, encauzándolas por la ruta del diálogo y el consenso. Escobar como abogado ha sido profesor de varias generaciones, formando profesionales con ética y capacidad jurídica. Sus amigos argumentan que su régimen sería de derecho y por su honestidad y transparencia, ejemplo para funcionarios y empleados de su gobierno. Escobar Fornos ha probado suficientemente su carácter en la Asamblea y su apariencia introvertida se transforma fácilmente en una personalidad vigorosa de palabra vibrante y actitud decidida.
Estos son los precandidatos de un Partido Liberal Constitucionalista que en las recientes elecciones municipales confirmó ser la primera fuerza política de Nicaragua seguido de cerca por el Frente Sandinista.
Gane quien gane, estaremos apoyando al escogido por los convencionales liberales quienes sabrán elegir democráticamente al más idóneo.
Lo importante es que Nicaragua no puede ni debe seguir como está sin un despegue económico real y dependiendo de la ayuda internacional. Si se consolida la alianza libero-conservadora deberán establecerse programas serios y a plazo largo que generen un desarrollo integral y que abarquen proyectos de alto contenido social y económico como el del Canal Húmedo que permita una histórica transformación de nuestro país.
Si bien es cierto que la obra liberal es tangible en lo material, es necesario trazar las líneas de una Nicaragua moderna y autosostenible. De la convergencia del Partido Liberal con el Partido Conservador dependerá el futuro democrático de Nicaragua y la esperanza de una vida mejor para todos.
* El autor es asesor de INTUR.