Federico Dueñas
Pasó el estable y recordado somocismo y, cuando al fin cayó, al poco tiempo (por cierto muy poco, menos de un año) nos hicieron añorarlo con dolorosas lágrimas del corazón. Pasó el sandinismo, la negra década y nos enseñó muchas cosas dolorosas sobre un repudiable gobierno tiránico y falaz el que, envuelto en aires de democracia, nos mintió, engañó, robó, asesinó, abusó, atropelló, delinquió impunemente por diez dolorosos años, prolongados, angustiosos, con la idea de la libertad democrática ansiada durante el levantamiento de “los muchachos”, que ahora parece por desgracia hemos olvidado. Más de quinientos mil nicas exiliados en el extranjero y más de cincuenta mil jóvenes del Servicio Militar Patriótico (SMP) muertos inútilmente en combates frente a la “Contra”.
La infame traición del “toñismo” en el 91, después de las huelgas y las asonadas de Daniel mandando “desde abajo”, otorgó una costosa tregua de paz a cambio del tristemente célebre pacto de transición “Toño-Daniel”, con el que se avaló “legalmente” la feroz e insaciable rapiña de los sandinistas, desatada entre el triunfo presidencial de doña Violeta y su toma de posesión. Asqueroso robo sin igual e incuantificable en la historia de Nicaragua, que seguiremos padeciendo impunemente por muchos lustros más. Llegó el 97 y con el triunfo democrático del liberalismo sobre el ya gastado gallo “morriña” del sandinismo frente a las urnas, las ansias de democracia resurgieron avaladas por las múltiples, expectantes y hermosas promesas de campaña electoral del alemanismo.
Alemán pareció ser sincero, pareció ser honesto, pareció valiente, limpio, firme y decidido. El pueblo, que necesitaba con urgencia creer en alguien, se ilusionó , confió en él y le dio su voto.
Le bastó a Daniel “echarle” a los transportistas una sola vez, para que Alemán sintiera en carne propia la presión necesaria y supiera quién es el que realmente manda en Nicaragua. De ahí en adelante, la enorme “chimbomba” que ilusionó a la población se desinfló y emergieron los bajos instintos del frustrado mandatario, el nepotismo, el hambre insatisfecha de poseer bienes materiales, la abierta pública corrupción de su equipo de confianza, el saqueo a las arcas del Estado, el abuso del poder sobre los bienes de la Nación, el triste despilfarro, la negligencia legal, la prepotencia del “Hombre”, ofensas e insultos a los periodistas y a quien le contradiga y todo lo que hemos padecido hasta el momento, fue rechazado por la ciudadanía ante las urnas en las pasadas elecciones municipales, en las que el liberalismo perdió plazas tan importantes como Managua y Matagalpa entre otras.
Ahora, de cara a las elecciones presidenciales de noviembre próximo, tenemos a un liberalismo desgastado, dividido, sin credibilidad. Amarrado por vanas leyes electorales producto del Pacto “Arnoldo-Daniel”, que favoreció abiertamente a este último. Peligro real de que el sandinismo llegue al poder nuevamente por culpa de los errores del pasado reciente. ¿Qué sucederá si Daniel es nuevamente Presidente de Nicaragua? Esa es la madre de las preguntas para el ciudadano honesto y trabajador. Para el inversionista privado, para el estudiante universitario y su futuro, para el ama de casa que no quiere la tarjeta de racionamiento ni CDS y menos MSP, para el inversionista extranjero. ¿Qué será de Nicaragua ante semejante perspectiva…?
* El autor es administrador de empresas.