Hugo A. Cabrera
Una forma de recordar a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal es siguiendo su ejemplo de lucha por la justicia y la libertad.
Por eso no lo olvidamos y por eso lamentamos su tragedia que es la del pueblo.
No importa que todavía tantos nubarrones empañen el cielo de la Patria. No importa, porque su lucha no fue en balde, y Nicaragua saldrá adelante. Su esfuerzo dará sus frutos.
Así lo decía el gran Demóstenes, el insigne orador de Grecia, madre de nuestra civilización, que incitaba a luchar por la Patria como Pedro Joaquín Chamorro.
“¡Oh, capitán! ¡Mi capitán! Levántate y escucha las campanas”, como dijera en versos inmortales Walt Whitman ante el asesinato de Abraham Lincoln. Así digamos ahora ante el martirologio de Pedro Joaquín Chamorro. Porque hay un parecido histórico que conmueve.
Lincoln lucha toda su vida por la libertad de los negros de su Patria. Llega a la presidencia enarbolando esa bandera, y con esa idea proclama el fin de la esclavitud. Los esclavizantes del Sur niegan la libertad a sus esclavos y se lanzan a la guerra para separarse del resto de la nación. Pero el Norte triunfa, se mantiene la emancipación de los negros y se preserva la unión de los Estados Unidos.
Mas, a punto de gozar la plenitud del triunfo, balas asesinas sacrifican la vida del gran artífice de esa obra.
Por eso canta Walt Whitman en versos inolvidables la tragedia del gran luchador, del gran capitán de la historia. Lo ve muerto y frío en un barco que se acerca al puerto cuando la obra está concluida, el viaje ha terminado y se oyen las campanas que lo aclaman: Hay, pues, un significativo paralelismo en la tragedia, guardando la distancia en la comparación, con el asesinato de Lincoln y el de Pedro Joaquín. Porque éste lucha desde muy joven contra la tiranía y contra la indiferencia de los nicaragüenses ante nuestra gran tragedia, ante la desunión y las traiciones. Combate constantemente los vicios de la dinastía; denuncia ante el mundo la perpetuación en el poder de una sola familia que, como si Nicaragua fuese una monarquía, se entroniza anacrónicamente mientras en el pasado siglo XX caen de su pedestal los últimos reinados, desapareciendo las familias reales, pera dar paso a las repúblicas que proclaman la igualdad de todos los hombres.
Pedro Joaquín denuncia constantemente las violaciones a la libertad, con decisión inquebrantable, y grita ante el mundo por la tragedia que padecemos. Lanza al viento la esperanza de que Nicaragua volverá a ser República y que el pueblo se unirá y vencerá.
Y cuando esa voz por fin es escuchada, cuando Nicaragua entera despierta de su letargo y comprende y se incorpora toda a la lucha; cuando el barco se acerca ya al puerto, la victoria del pueblo está a la vista y las campanas proclaman su nombre, como Lincoln, cae asesinado.
¡Oh capitán! ¡Mi capitán! Escucha las campanas que te aclaman. Y sigue la lucha, porque todavía tienes tu puesto en ella, inspirándola con tu ejemplo y tu sacrificio…
Nadie te negará ese lugar en la historia. Tu nombre seguirá siendo símbolo de libertad y de justicia por las que tanto luchaste. Tu nombre vivirá en nuestro recuerdo. Tu lucha y tu muerte –te lo prometemos– no serán en vano.
* Resumen del discurso pronunciado en la Iglesia de El Calvario, Chinandega, el 9 de enero de 1979.