Frances R. Urbina
Lejos estuvo de la memoria de su gente la fuerza con que la naturaleza castigó el pasado mes de julio a este lindo y pequeño pueblo de Catarina, ubicado al sureste de la ciudad de Masaya.
Bien conocido por la belleza de sus plantas ornamentales, por su rica artesanía en barro y por la dulzura y hospitalidad de sus pobladores, Catarina, como lo hacen sus flores, brota de alegría y color los días 30, 31 de diciembre y 1º de enero durante sus fiestas regionales dignas de ser rescatadas dentro del folclor nicaragüense.
Ha sido a través de este conjunto de tradiciones culturales que se nos ha permitido recibir suficiente información para interesarnos en revisar la sabiduría de nuestros antepasados y plantearnos las obligadas preguntas sobre cómo accionar en el futuro.
Para que los pueblos se puedan desarrollar adecuadamente es muy necesario conocer su historia y su idiosincrasia.
Las fiestas que Catarina celebra el 29 de diciembre están dedicadas al Papa San Silvestre I, sucesor número 33 de Pedro que reinó durante 21 años. Fue el primero en llevar la “tiara” y que instituyera el domingo como día festivo en memoria de la Resurrección.
En este pueblo, el 29 de diciembre, la carroza del Papa San Silvestre, acompañado de sus obispos (representados por niños de 4 a 7 años de edad, vestidos de obispos) es llevada de la parroquia principal, después de una misa en la mañana y recorre toda la ciudad durante el día y la noche hasta posarlo alrededor de la una de la madrugada en una ermita que queda al otro lado de la ciudad.
Como parte de las festividades de fin de siglo y de milenio, la hospitalidad del nicaragüense se ve reflejada en la visita que le hacen al Papa San Silvestre, los santos patronos de los pueblos aledaños.
Vemos entonces a San Sebastián de Diriamba, a Santiago de Jinotepe, a San Marcos de San Marcos, a la Virgen de Monserrat, proveniente de La Concepción, a San Jerónimo de Masaya, a Santa Ana de Nindirí y a San Juan, de San Juan de Oriente, acompañando todos ellos a su anfitrión con su propia cofradía y al son de su música regional.
Van seguidos por los inseparables “chicheros”, auténticos músicos folcloristas que son un monumento nacional. El pueblo se desborda por las calles durante toda la noche, y entre barriles de nacatamales hirviendo en las casas de algunos vecinos, vemos espantos, momias, quienes van bailando por todas las calles iluminadas por los cohetes, morteros, juegos pirotécnicos, toros encohetados y el humo y la pólvora…, todo como un cuadro surrealista de aquellos que nos describiría García Márquez.
Los de hoy deben asegurarse de conocer el pasado y de que sus obras perduren en el futuro. Es dentro de estas dos vertientes que debemos encontrar la riqueza de nuestro porvenir.
A los pobladores de Catarina que sigan construyendo con fe su porvenir.