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Estando en plena campaña electoral en 1996, me encontré con un amigo liberal que, refiriéndose a la candidatura del Dr. Arnoldo Alemán, me dijo lo siguiente: “Con este hombre el liberalismo va a tomar el poder, pero para perderlo en el 2001 y no recuperarlo en 20 años”. No estoy muy convencido de que mi distinguido amigo tenga el don de la profecía, pero cuando observo la cantidad de barbaridades y desaciertos que ha cometido el Dr. Alemán desde la Presidencia de la República, me inclino a pensar que la permanencia del liberalismo en el poder después del 2001 está en grave peligro. Sin embargo, no todo está perdido, y creo que en las manos de los 415 convencionales liberales que elegirán al candidato presidencial del PLC está la clave para que el pronóstico referido sea una realidad o no. Veamos por qué.
El vaticinio de mi amigo liberal se cumpliría -sin lugar a dudas-, si los señores convencionales escogieran al Dr. Iván Escobar Fornos para ser el candidato presidencial del liberalismo en las elecciones generales de noviembre de este año. Y no es que piense que el Dr. Escobar sea una mala persona. De ninguna manera. Le tengo respeto y aprecio. Lo que sucede es que entre el electorado, el Dr. Escobar Fornos es percibido como el candidato del Dr. Alemán, y eso, automáticamente lo hunde. Las realidades políticas son así. En 1996, el prestigio que tenía el Dr. Alemán le permitió actuar como una grúa, y tuvo capacidad suficiente para levantar y hacer triunfar a candidatos que -como el Ingeniero Roberto Cedeño-, marcaban muy bajo en las encuestas de opinión. Esta vez, no obstante, el Dr. Alemán no sólo ha perdido esa capacidad, sino que más bien se ha convertido en un peso muerto que empuja hacia abajo a cualquier candidato que se perciba como ungido por él. Esa es una de las razones por las que al Dr. Wilfredo Navarro le fue tan mal en su intento por conquistar la Alcaldía de Managua en noviembre pasado.
Además, una candidatura del Dr. Escobar Fornos fomentaría tanto la división del liberalismo mismo como la del voto democrático en general -al cual partiría por la mitad- y aseguraría el triunfo del Frente Sandinista.
Con el Dr. Escobar como candidato, el Partido Conservador jamás apoyaría una alianza con el PLC, ni formal, ni informalmente. Sin embargo, estoy plenamente seguro de que los conservadores no tendrían ningún inconveniente en hacer la alianza si el candidato del PLC fuera otro, especialmente el ingeniero Enrique Bolaños o el licenciado Eduardo Montealegre. Y no hay que olvidar que si el voto democrático concurre unido a las elecciones, las probabilidades de triunfo del sandinismo se reducen casi a cero. Lo contrario también es cierto: si concurre fraccionado, el sandinismo tendría muchas probabilidades de alzarse con el triunfo.
Pero hay también otra razón muy importante para seleccionar a un candidato que no sea percibido como el deseado por el Dr. Alemán. Esa razón tiene que ver con la posibilidad de que no se llegue a formalizar una alianza entre liberales y conservadores. En ese caso, si el PLC lleva a un buen candidato, estoy seguro de que muchos de los que depositaron su voto en la casilla verde en las elecciones municipales, no dudarían en depositar su voto en la casilla roja en las elecciones presidenciales, ya que saben que el PLC es el partido con mayores probabilidades de derrotar al Frente Sandinista.
Es importante, además, que el candidato del PLC, en caso de ganar las elecciones, sea una persona a quien el Dr. Alemán no pueda manejar desde la Asamblea Nacional, lugar en el que estará como consecuencia de la diputación que le regaló el Frente Sandinista a cambio de que accediera a bajar el porcentaje de votos necesarios para ganar la Presidencia en primera vuelta. Esa atrocidad que cometió el Dr. Alemán junto con sus asesores más cercanos es la que le da esperanzas al FSLN de regresar al poder por la vía de los votos.
Señores convencionales: no contribuyan ustedes a la derrota del liberalismo eligiendo a un candidato perdedor. Yo no pertenezco ni al PLC ni a ningún otro partido político, pero soy un firme creyente de los principios liberales, y creo que a Nicaragua le conviene tener en el poder en el próximo período de gobierno a un partido liberal renovado. De ustedes depende que así sea.
El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA, y catedrático de la Universidad Thomas More.