Cirilo Otero
Voces de las agencias financieras internacionales y comerciales del desarrollo en el país han asegurado que Nicaragua va por buen camino y el gobierno anunció que prácticamente el país ha sido incorporado al club de los países pobres más endeudados del planeta, (conocidos como HIPC, por sus siglas en inglés).
Ojalá que las afirmaciones de los funcionarios gubernamentales y de los decisores multilaterales sean ciertas y menos dramáticas como han sido hasta ahora. Realmente lo que hemos visto en el mundo es que las ofertas de desendeudar a los cuarenta y un países (41) pobres severamente endeudados, ha sido propaganda, ha sido cortinas de humo en el mejor de los casos. Porque la realidad de las experiencias como Mozambique, Bolivia, Honduras, por mencionar algunos, es que ahora con HIPC están pagando más que sin HIPC. La experiencia muestra que los países pobres severamente endeudados ahora con HIPC muestran cada vez menos posibilidades de invertir en serio en lo social y en lo productivo, por el contrario con la HIPC tienen menos recursos y cada vez más deuda.
En el caso de Nicaragua tenemos que en 1993, el 50.3% de la población total vivía en condiciones de pobreza, y entre éstos el componente de la pobreza extrema correspondía al 19.3% de la población total; por otro lado, de acuerdo con información oficial correspondiente a 1998, mientras cada nicaragüense produce al año US$445, su deuda externa asciende a US$1,314. Además, el saldo de la deuda externa total era equivalente a tres veces el valor del Producto Interno Bruto, casi diez veces el valor anual de los ingresos tributarios del Gobierno Nacional y un poco más de ocho veces el valor anual de las exportaciones de bienes y servicios no factoriales.
Si quisiéramos ser un poco concretos con la realidad nacional y ver la relación entre deuda externa y pobreza en Nicaragua tenemos que:
En 1993, la tasa de analfabetismo era 23%, los problemas de vivienda se reflejaban en que el 37% de la población vivía hacinada. La población sin acceso a los servicios de agua potable y energía eléctrica oscilaban alrededor de 40% y 30% respectivamente.
En 1998, el Producto Interno Bruto Per Cápita Real es US$468 en precios de 1980, el salario nacional medio mensual real es US$36 en precios de 1980, y el desempleo y el subempleo afecta a más del 26.5% de la PEA.
En 1998, mientras se destinaba el 25% del total del Presupuesto del Gobierno Central para el gasto de la deuda pública, los sectores de la educación y la salud participaban sólo con el 11% y el 14% del gasto presupuestario respectivamente.
La experiencia ha mostrado que a medida que Nicaragua ha reestructurado su deuda externa ha observado el crecimiento del pago de su deuda externa, endeudándose más para cumplir con sus obligaciones y, evidentemente se ha fortalecido el círculo vicioso “creciente servicio de la deuda -mayor endeudamiento externo- mayor servicio de la deuda…”, limitando las posibilidades de la inversión y el crecimiento económico.
Por lo anterior y muchas otras cosas más de la realidad nacional sobre la disyuntiva: deuda externa o desarrollo, es que considero necesario demandar de los decisores de las agencias multilaterales como el Banco Mundial (BM), Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Fondo Monetario Internacional (FMI), que sean serios con países como Nicaragua. No exijan más de lo que este pobre país puede dar. Sean serios en las ofertas de análisis de la deuda externa del país, hagan un esfuerzo por no tirar más humo (largas esperas) al punto de decisión y al punto real de culminación (completamiento). ¿Por qué no dicen la verdad al mundo? Hay que decirle a la humanidad que los ricos del mundo no quieren poner sus recursos a la orden de la humanidad, que por el contrario, lo que quieren los ricos del mundo es que la humanidad les deje más y mejores ganancias con el sudor, la sangre y el producto de su trabajo diario. Hay que decir que el problema fundamental es que no hay dinero para la HIPC, no hay voluntad económica ni política para desendeudar a los pobres del mundo. Eso es lo que deben decir, y dejarse de estar inventando que nos faltan compromisos que cumplir.
*El autor es directivo del Grupo Propositivo de Cabildeo.