A la sombra del miedo

Es evidente que el escenario político de Nicaragua está dividido en dos grandes bandos, dominados por el temor. A un lado, los sectores que tienen miedo al regreso del FSLN al poder en las elecciones del próximo año, y al otro lado, los sandinistas y sus simpatizantes que temen que los liberales y los otros partidos se unan en una sola fuerza electoral y les impidan el triunfo en los comicios de 2001.

En este contexto, los afanes principales de las dos fuerzas mayoritarias son, por el lado del Frente Sandinista, tratar de impedir una posible unión libero-conservadora, y por la parte del PLC y sectores que lo apoyan, unir a su alrededor a los otros partidos no sandinistas para hacer un solo bloque electoral.

Las declaraciones que dio la semana pasada el secretario general del FSLN, diputado Daniel Ortega, de que se está fraguando una alianza entre liberales y conservadores para enfrentar unidos al sandinismo en el 2001 e impedir su regreso al poder, junto con la acusación que hizo a los conservadores de pactistas y de estar cometiendo un nuevo error histórico, demuestra la gran preocupación de los sandinistas ante la posibilidad de una unión de todas las fuerzas no sandinistas.

“Divide et impera”, parece ser la divisa política del FSLN, en tanto que las otras fuerzas políticas tratan de encontrar la fórmula para derrotar juntos al sandinismo, igual que lo hicieron en 1990. Eso no debe sorprender a nadie. Evitar el triunfo del adversario es la lógica de cualquier competencia electoral.

Si el sandinismo consiguiera evitar la alianza de los no sandinistas, se aumentaría substancialmente las probabilidades de recuperar el poder político por la vía electoral. En las elecciones municipales recién pasadas, el PLC y el Partido Conservador obtuvieron en conjunto, a nivel nacional, un total de 840,710 votos, o sea, 222,789 más que el Frente Sandinista, que sólo logró obtener un total de 617,921 votos. Por sí sólo el PLC obtuvo a nivel nacional 18,944 votos más que el FSLN, cantidad que pudiera en el futuro verse disminuida por diversas razones, por lo que algunos de los principales dirigentes liberales estiman que no sería sensato confiar en un margen tan pequeño para garantizar el triunfo.

Es importante recordar que quienes a nivel nacional no votaron en las elecciones municipales del 5 de noviembre pasado ascienden a 916,038 personas, representando un 38.5 por ciento del total que, de acuerdo al Consejo Supremo Electoral, estaban habilitadas para ejercer el derecho al voto, lo que significa que esta vez el abstencionismo fue superior en 11.5 por ciento al alcanzado en las elecciones generales de 1996. En estos momentos no es posible tener ni la más mínima idea del comportamiento que tendrán en las próximas elecciones quienes se abstuvieron en los comicios municipales de noviembre pasado. De hecho, no existe todavía ninguna evaluación sustentada en datos empíricos sólidos de las razones que tuvo ese considerable sector de ciudadanos para no ejercer su derecho al sufragio. Pero es evidente que se trata de un grupo sumamente grande que, de participar -aunque fuera sólo parcialmente- en las elecciones del próximo año, podría influir decisivamente en el resultado de las mismas.

Algunos de los partidos que no participaron en los comicios municipales, pero que esperan hacerlo en las elecciones generales del próximo año, creen que podrán obtener el apoyo de una buena parte de los abstencionistas. Es posible. Pero también es cierto que una alianza libero-conservadora, con candidatos idóneos y un buen programa, podría atraer a una proporción considerable de ellos para reforzar aún más las posibilidades de triunfo del llamado sector democrático. Inclusive los sandinistas apuntan a captar votos en la ancha franja de los abstencionistas, pero dependerá de cómo integren definitivamente su fórmula electoral.

En todo caso, lo que necesita imperiosamente Nicaragua es el fortalecimiento de todas las fuerzas democráticas, independientemente de su ideología, en derredor de un programa de interés nacional cuyo cumplimiento evite que el país siga viviendo bajo la sombra del miedo y asegure la posibilidad de continuar avanzando por la senda de la libertad y la democratización.  

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí