Se acabaron las mordidas

Ricardo Martínez

Después de un exilio económico de más de diez años, vine a pasar vacaciones a mi querido país Nicaragua, ya que radico en Los Angeles desde que me compactaron las políticas económicas.

Sinceramente añoro mi Nicaragua querida y a veces siento nostalgia de no ser partícipe de sus avances y porqué no decirlo, de su retroceso.

Cuando llegué al Aeropuerto Internacional, venía bajando la corte celestial para que no me quitaran las cosas que traía, por cierto que eran tres bultos y dos cajas, que para mi familia fue la llegada del Niño Dios anticipadamente.

Resulta que cuando salí de Estados Unidos venía con US$100 dólares sueltos en sencillo para preparar las mordidas que se acostumbraba darle a algunos trabajadores de la Aduana, pero cuál es mi sorpresa que cuando llego a la banda de la Aduana me dicen “puede pasar”, ¿cómo? les dije, sí, puede irse”. ¡Dios mío que milagro!, ¡qué alegría!, no me quitaron nada, ¡qué felicidad!

A otra persona que traía demasiado equipaje la mandaron a un sistema de luces roja y verde, le dicen sistema aleatorio que lo utilizan para los comerciantes, pero antes de eso, en el avión nos entregaron una hojita para llenarla y entregarla a la Aduana de Nicaragua, en ella te persuaden a que declares tu mercadería si uno trae más de dos mil dólares.

Este sistema que está empleando la Aduana de Nicaragua es único en Centroamérica, ya que hace unos días fui a Costa Rica y allí sólo permiten que lo que llevas, no exceda a 200 dólares, porque de lo contrario te bonifican el pasaporte.

Escribir este artículo me motiva a agradecer la decisión de terminar con las coimas y la pérdida de tiempo que uno llevaba hasta de dos horas cuando pasaba por el engorroso registro, que por cierto era humillante, en las averiguaciones que hice, me dijeron que cuando no se aplicaba ese nuevo sistema, la Aduana recaudaba alrededor de un millón de córdobas mensuales, ya que por allí entran y salen más de 20 mil personas.

Me parece que con este sistema se está dando una imagen de hospitalidad y bienvenida al nacional que sale a rodar por cualquier eventualidad; y que fue sabio quitar ese sistema ya que habemos muchos nicaragüenses que estamos contribuyendo desde Estados Unidos al desarrollo económico del país con las remesas familiares que ascienden a 600 millones de dólares.

Me siento contento y feliz que mis pertenencias llegaron muy bien y para ello quiero desde aquí saludar y felicitar al ex director de Aduana, señor Marco Aurelio Sánchez, quien en lo personal logró algo que será de mucha importancia para los que venimos desde lejos como es el “no” registro y permitir introducir cosas necesarias para el consumo de uno, que no exceda a los dos mil dólares. Aunque no tenga el gusto de conocerle, gracias señor Sánchez.

El articulista es residente de Los Ángeles, California.  

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