Población, medio ambiente y desarrollo

Rolando Torres

Mucho se ha dicho ya sobre la necesidad de controlar la población de los países en desarrollo. La población humana ha alcanzado tales proporciones que se teme excederá la capacidad del planeta para sostenerla. Demasiada gente, y como consecuencia más presión para el planeta.

Cerca del 80% de la población humana se encuentra en los países en desarrollo. Para empeorar aún más las cosas el crecimiento poblacional se encuentra concentrado en estos mismos países. Cada año hay 90 millones más de personas. Por ello las soluciones que se conciban deben ir dirigidas a controlar la población de los países en desarrollo y claro está las soluciones no deben ser aquellas que trashuman la ignorancia, el racismo y la hipocresía que muchas veces satura el discurso empleado cuando se habla de este tema.

Medidas efectivas para contrarrestar ese crecimiento desmesurado de los países en desarrollo pueden ser: mejoras sustanciales en los sistemas de educación, la salud y la nutrición, la creación de empleos productivos, la diversificación de la actividad productiva, la exportación de productos procesados o semiprocesados en vez de materias primas.

Sin embargo, estas medidas en la práctica han sido tomadas con una dosis de desinterés, algunos consideran que estas acciones conducirían a un mayor consumo de recursos naturales y a una mayor producción de desperdicios y contaminantes. Es decir, contraponen criterios ambientalistas para evitar modificaciones en el plano económico.

Cuál es la consecuencia de todo esta problemática que existe en nuestros países. Un colapso con ribetes trágicos en los indicadores de salud, educación y nutrición, aunado a ello en un maridaje escalofriante vienen cabalgando el aumento masivo del desempleo, la mayor dependencia de las exportaciones de materias primas y un aumento cada vez más gigantesco de los seres humanos que viven en la extrema pobreza. Ese es el ejército que más personas recluta a diario.

Y es que el problema de la población debe resolverse porque este crecimiento desmesurado afecta el medio ambiente fundamentalmente por el consumo de recursos y la producción de desperdicios y contaminantes.

Todo lo dicho nos lleva a pensar que si el progreso es la acción de ir hacia delante hacia un cambio gradual para aumentar o mejorar, y si desarrollo es crecimiento, progreso en todos los campos de la vida de un país y si población es el conjunto de personas que habitan en un área determinada del globo terráqueo podemos inferir que la humanidad debe pretender el logro de un desarrollo sostenible que no sólo genere desarrollo económico sino que distribuya los beneficios de forma equitativa y regenerando el medio ambiente en vez de destruirlo.

Aún a Nicaragua le queda un sendero largo y difícil para llegar a un desarrollo sostenible que transforme radicalmente las políticas sociales que al día de hoy no han ofrecido soluciones concretas para los grandes males que aquejan nuestra cotidianidad.

* El autor es catedrático universitario de la UCA.  

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