Un gobierno sandinista hundiría a Nicaragua, otra vez

Jorge [email protected]

El triunfo indiscutible que obtuvo Herty Lewites en la competencia por la Alcaldía de Managua, ha hecho pensar a algunos que las probabilidades que tiene el Frente Sandinista de ganar la Presidencia de la República en las próximas elecciones se verían incrementadas substancialmente si ese partido escogiera a un candidato “tipo Herty”. Creo que tienen razón.

¿Y qué quiere decir “tipo Herty”? Pues que sea una persona agradable, sonriente, de hablar franciscano, no confrontativo, de apariencia “burguesa” y —por sobre todas las cosas— que su presencia no haga que se active automáticamente el switch de la memoria histórica de los nicaragüenses. En otras palabras, algunos miembros del Frente Sandinista andan en busca de un candidato-sedante, y es por eso que ya empiezan a asomarse algunas caras y a mencionarse algunos nombres que se supone que reúnen esas características. Debo reconocer que, desde un punto de vista de estricto “marketing” político y electoral, los que así piensan dentro de las filas del sandinismo están en lo correcto.

Pero lo que cabe preguntarse es lo siguiente: ¿qué haría esa persona “tipo Herty” si llegara a la Presidencia de la República? ¿Sería sólo un presidente sandinista que reclamaría “independencia” del FSLN para gobernar, como la reclama Herty ahora? Y si la reclamara, ¿la conseguiría? Yo no lo creo; porque una cosa —que todavía está por verse— es que el Frente Sandinista, por conveniencia propia y por elemental cálculo político, no se entrometiera abiertamente en el manejo de la Alcaldía de Managua, y otra muy distinta es que si consiguiera el poder real, que es la Presidencia de la República, se vaya a apartar mansamente para que su candidato “tipo Herty” la maneje con independencia del partido rojinegro.

¿Y cómo piensa ese partido? ¡Ah! —responden algunos de los que ya han empezado a promoverse como posibles candidatos— no hay que preocuparse por eso, porque “las circunstancias han cambiado”. Interesantísima respuesta que amerita un poco de análisis. Lo primero que queda claro es que lo que ha cambiado son las circunstancias y no el partido. En su pensamiento económico, el FSLN y sus dirigentes —incluyendo a los “tipo Herty” que aspiran a ser candidatos a la presidencia— siguen abrazados a las mismas ideas estatistas de siempre; creen que el dirigismo centralizado es el mecanismo que hace que una economía prospere. Su vocabulario los delata: concertación económica entre gobierno y sector privado, rangos de tasas de interés, condonación de deudas, etcétera.

No hay uno solo que diga: hemos cambiado nuestra manera de pensar; hemos abjurado de las creencias que teníamos sobre la libertad de expresión, sobre la libertad individual, sobre la economía de mercado, sobre la propiedad privada, sobre el papel del Estado en la economía, etcétera, etcétera. No; ninguno reniega de eso; lo que dicen es que las circunstancias han cambiado y con eso pretenden que quedemos conformes. Habría que preguntarles: ¿Y qué tal si de repente, por esos vaivenes de la historia, las circunstancias volvieran a cambiar?

Uno tiende a actuar conforme a sus convicciones. Si un partido cree en la libertad individual, promueve esa libertad, independientemente de las circunstancias. Si cree en el estatismo, como cree el Frente Sandinista, promueve el estatismo, que es contrario a la libertad individual y a la economía de mercado. Porque el sandinismo real —no el sandinismo mítico, ni el idealizado— es esencialmente enemigo del mercado, de la libre competencia y de la libertad individual. Y creer en una cosa o en la otra no es una mera posición intelectual sin trascendencia. Las ideas tienen consecuencias. Y sólo la economía de mercado, operando dentro de un Estado de Derecho donde se respete la propiedad privada y la libertad individual, es la que puede sacar a un país de la miseria.

Los países que no lo han hecho han fracasado. Por eso se derrumbaron las economías de Checoslovaquia, de Alemania Oriental, de Polonia, de la Unión Soviética, y de muchos países más, incluyendo la de nuestra querida Nicaragua, y no como consecuencia de la agresión estadounidense como los sandinistas han querido hacerle creer al pueblo.

En resumen: el partido Frente Sandinista —el sandinismo real— sólo podría gobernar bien a Nicaragua si dejara de ser sandinista y abrazara sin reservas la ideología liberal en el sentido más amplio de esa acepción, o sea, si respetara incondicionalmente la libertad individual y su concomitante por excelencia: la economía de mercado. Una cara bonita no basta.

* El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA, y catedrático de la Universidad Thomas More.  

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