Después de tanto esperar,
el sentirte mía;
el momento tan anhelado llegó.
Juntos nos sumergimos en el cielo de aquella
Cabaña.
Mis labios se perdieron en el aroma delicado
de tu pelo,
buscando tus oídos para decirte tantas, tantas,
cosas.
Tus labios temblaban al besar los míos.
La noche empezaba,
y yo apenas tocaba tu cuerpo,
imaginándome aquel cuerpo
que tan pocas veces había sido mío…
Te sentía suspirar suavemente,
¡qué suspiros los de nuestra emoción!
Y justo al momento del éxtasis total
un último suspiro escuché de tu boca,
de tus labios que tantas veces besé.
Que injusto era el destino
al arrancarme tu alma en ese momento.
Pero mi amor fue tan grande;
tan grande; como el amor de Dios.
Después desperté al amanecer…
Pero ya no me miraba en tus ojos,
Mas no me importó,
Pues seguimos juntos.
Y os seguiremos hasta la eternidad.