La próxima convención PLC

  • Habiendo comprobado el doctor Alemán que al pueblo nicaragüense le repugna la dedocracia, él va a tratar de camuflarla con la estratagema de hacer creer que dentro de la Convención va a haber bateo libre

León Núñez

Desde que el doctor Alemán descartó las elecciones primarias para elegir al candidato presidencial del PLC -en estas circunstancias, único método de credibilidad democrática- ya sabemos que será el dedo índice de la mano derecha del Presidente de la República el que hará la escogencia del candidato.

Naturalmente que ese dedo va a ser disfrazado por la Gran Convención del Partido Liberal Constitucionalista, que es la instancia partidaria que “delega de hecho” en el dedo de don Arnoldo la facultad de decidir todo; todo lo concerniente al partido.

Ese dedo es el faro que orienta a los aspirantes a la candidatura presidencial del PLC para que no anden buscando uno por uno a los convencionales del partido para pedirles su voto, tal como sucede por ejemplo, en otros países. Esto sería para ellos como perder el tiempo, pues los mencionados aspirantes saben que casi todos los convencionales han sido hasta hoy un cero colocado a la izquierda de don Arnoldo. A los aspirantes a dicha candidatura lo que les interesa es el dedo del doctor Alemán; que es lo decisivo. La regla de oro determina que el liberal que sea tocado por el dedo de don Arnoldo será el que escoja la Convención.

Esto explica los continuos movimientos de los aspirantes a la candidatura presidencial del PLC para obtener el favor del dedo del doctor Alemán. Yo creo que hasta sueñan con el dedo mágico de don Arnoldo, un dedo que hace la maravilla de convertir en candidato -para presidente, para diputado, para alcalde- a todo aquel que toca, pero al que toca de verdad, porque ya sabemos la costumbre del doctor Alemán de vivir tocando de mentira.

Habiendo comprobado el doctor Alemán que al pueblo nicaragüense le repugna la dedocracia, él va a tratar de camuflarla con la estratagema de hacer creer que dentro de la Convención va haber bateo libre. Pero la verdad es que él se asegurará que la mayoría de convencionales -integrada por empleados públicos- no pierda de vista su dedo mágico.

Asegurada la mayoría no le importará al doctor Alemán que una minoría de convencionales apoye a los aspirantes liberales que no obtuvieron el favor del dedo índice de su mano derecha. Lo que le importará es tratar de que el país crea que los convencionales tuvieron completa libertad para decidir, y que en un ambiente de “ejemplar democracia interna” ganó el que obtuvo la mayoría de votos. Pero nadie le va a creer.

Entonces, la primera consecuencia del “dedazo” de don Arnoldo será la burla para aquel liberal despistado que se meta a competir por la candidatura presidencial creyendo que en la Convención se va a cumplir la regla del bateo libre, y la segunda consecuencia, muy grave por cierto, será la inevitable derrota del PLC en las elecciones presidenciales de noviembre del año 2001, pues la mayoría del pueblo nicaragüense no va a votar a favor de un candidato liberal cuya escogencia se haya producido de dedo, es decir, una escogencia basada en el mérito de tener una extraordinaria capacidad para obedecer ciegamente al doctor Alemán.

Yo creo que todos los convencionales del Partido Liberal Constitucionalista debemos meditar con profundidad y preocupación sobre la situación apuntada. La derrota electoral del doctor Wilfredo Navarro es muy aleccionadora. El “dedazo” de su candidatura y la ausencia de una campaña de alejamiento de la corrupción gubernamental, fueron entre otros, dos factores que hicieron que el doctor Navarro, no obstante su honestidad, tuviera que cargar electoralmente con culpas ajenas, pues en política la pena trasciende de la persona del delincuente.

Yo prevengo a todos los convencionales de la enorme responsabilidad que asumirían al comportarse como “soldados” de don Arnoldo. Sería el hundimiento del Partido Liberal Constitucionalista. El PLC solamente tiene posibilidades de triunfo con un candidato que no sea ni el portavoz del desprestigio de unos cuatro liberales ni el abanderado de la escuela a la que asisten los pescuezos más flexibles del liberalismo.

* El autor es abogado y escritor.  

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