La idea y el sentido de la democracia

  • Para que la democracia sea efectiva se requiere en primer término de un sistema electoral imparcial e independiente, que legitime la representación popular, mediante la transparencia y la credibilidad

Julio Ignacio Cardoze

Los valores democráticos; la ética y la moral, el orden institucional, el ciudadano, el individuo, la familia, los valores cívicos, la justicia y la seguridad ciudadana, el respeto al derecho y a la opinión ajena, la reconcialición nacional, el destierro del odio y la manipulación, el rechazo del trafico de influencias, del clientelismo y de la corrupción, el sistema correcto de la administración pública, la independencia de los poderes del Estado, el sistema republicano, la gobernabilidad entendida dentro de un sistema de estado de derecho.

Los elementos que estimulan el comportamiento ético en sociedad son los valores de la democracia. El concepto de democracia, es más que un sistema político, pues responde a una concepción integral de la vida de la persona en sociedad, ante todo, es un estado de conciencia, que en nosotros, debería ser, progresiva y positivamente, desarrollado y superado, sin quedarnos como ahora estamos, estancados y prisioneros del pasado, alrededor del cual damos vueltas en círculos, mientras otras sociedades vecinas avanzan hacia adelante, porque cuando es efectivo ese estado de conciencia mejorado, se traduce en una actitud del hombre frente a la vida en comunidad, y en un orden determinado, con el cual se regulan, dentro de un régimen de libertades, las relaciones entre los individuos. Nuestras tendencias actuales, son equivocadas, porque todas nuestras acciones están orientadas constante y “únicamente”, a resucitar los errores del pasado, estancándonos, y perdiendo las oportunidades que nos pudiera ofrecer el futuro como nación. A veces pareciera que somos diferentes tribus, disputándonos un territorio, y que en vez de insistir en lo que nos acerque, rebuscamos lo que nos separa. La democracia es la búsqueda del bien común de la sociedad. La idea de democracia no se agota en la existencia de partidos políticos o las alternativas de poder, elementos que entre nosotros conservamos y entendemos con criterios “primitivos”. No hemos podido superar el partidismo atávico, ni la perversa militancia genética, en parte por nuestra pobre cultura, y porque siempre estamos volviendo al origen de que, si tu abuelo era liberal, tenés que morir liberal, o es un delito pensar diferente o adoptar criterios nuevos”, lo que nos mantiene en el atraso socio-político, relegando el interés nacional, a un plano secundario, por debajo de los colores de partidos, además que eliminamos del juego político, o no podemos elegir por meritos y capacidad a nuestros mejores ciudadanos, sólo porque no pertenecen a determinado grupo político, perdiendo así nuestra sociedad, el más valioso de sus recursos; el humano, y a la juventud, que debiera estar haciendo relevo cada cierto tiempo prudencial.

Tampoco puede existir democracia sin organizaciones cívicas, ni candidaturas por subscripción popular, ni sin organizaciones partidistas, ni sin el derecho a elegir libremente, y por supuesto, sin los procesos electorales.

Para que la democracia sea efectiva, requiere, en primer término, de un sistema electoral imparcial e independiente, que legitimice la representación, mediante un proceso transparente de escogencia directa, de los que aspiran a administrar el patrimonio público como representantes del pueblo, de manera que el ciudadano sea protagonista y participante, por medio de sus representantes, en el destino de la vida nacional, y el electo que sea, responsable de sus actos frente a “sus electores”.

Y para que la democracia sea participativa, se deben reforzar los mecanismos de las organizaciones cívicas, que involucren al ciudadano en la toma de decisiones, de manera que éste no se limite al acto formal de votar para elegir en cada período a sus representantes, sino que participe y haga seguimiento de la gestión pública, influyendo, tanto en las decisiones, como de la instrumentación de políticas que lo afecta.

El derecho a elegir, de forma libre e independiente, respondiendo a las necesidades ciudadanas, y a la conciencia, es elemento primordial del sistema democrático, que debemos institucionalizar e inculcar, por medio de la educación, para incentivar la participación de la mayoritaría de la ciudadanía.

Ese debe ser el sentido de democracia, a que debemos aspirar, y debemos tenerlo presente cuando depositemos el voto.

* Ex ministro del Trabajo, reside en Miami.  

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