Mario Alfaro
Sí, ¿de dónde salió negociar un pacto libero-conservador para yuxtaponerlo al pacto libero-sandinista? El Partido Liberal pretende ser media proporcional entre el sandinismo y el conservatismo. Algo así como esto: el FSLN es al PLC como el PLC es al PC. Una formulación de lógica matemática que de acuerdo con el Teorema fundamental de las proporciones aritméticas, el producto de los medios es igual al producto de los extremos. Dicho en palabras comunes: “El Partido Liberal vale tanto como valen juntos sandinistas y conservadores”.
Hasta dónde quiere llegar el enfermizo delirio de los liberales por el poder. Pactaron con los sandinistas para eliminar a los demás partidos políticos y repartirse entre ellos el Presupuesto de la República. Ahora proponen un pacto con los conservadores para derrotar a los sandinistas y volver a las paralelas históricas del somocismo. ¡Si a alguien engañan los liberales es a ellos mismos!
Fallaron cuando inhibieron a Pedro Solórzano como candidato para la Alcaldía de Managua, el resultado es que lo promovieron a candidato presidencial; fallaron cuando creyeron que el Partido Conservador estaba definitivamente archivado en la historia política nacional y les resultó como el genio que Simbad, El Marino, sacó de una botella que encontró en una playa solitaria. También fallarán si pretenden inhibir otra vez a Pedro Solórzano como candidato presidencial, comparándolo con los chinamperos y piñateros, por un pequeño negocio que su compañía hizo con la Alcaldía y que no está comprobado que haya sido ilícito o fraudulento.
¿Cuál es el juego de la proporción aritmética de la política liberal? Tal vez sea así: primero pactaron con los sandinistas para acabar con todos los opositores y adueñarse del país para repatírselo. Como se equivocaron con el Partido Conservador, que igual que el genio de la botella se convirtió en un gigante; en lugar de pelear con el gigante porque puede vencer a los dos pactistas juntos, el más “listo” , mejor dicho el más cínico, ahora pretende aliarse con el gigante para derrotar al socio sin deshacer el pacto que tiene con él. Parece cosa de locos, pero en este país quienes menos padecen de locura son los electores, que esperan su turno para derrotar al pacto, a la corrupción, al regreso al pasado somocista o sandinista, al verticalismo político, a los fraudes electorales, al Estado-partido y al gobierno-partido. Una votación acertada permitirá hacer una gran operación de limpieza.
Del bodrio de las brujas de Macbeth pretenden sacar el sortilegio para abatir las esperanzas democráticas del pueblo de Nicaragua, pero se equivocan y volverán a fallar porque el bosque de Birnam ya se ha empezado a mover y en él se ocultan los que derrotarán las maniobras marrulleras de los pactistas.
El Estado liberal, nacido en 1893, es un viejo edificio que ya no admite reparaciones. No es que debe ser derribado hasta los cimientos; es que debe empezarse a construir un edificio moderno antes que el viejo se desplome. Esta labor no corresponde a los que miran el pasado con placidez estática aferrados a sus privilegios y a los fracasados esquemas de gobernar para no gobernar y sí para enriquecerse fácilmente. Ese trabajo lo hará una fuerza nueva, desde una coalición política incontaminada por los vicios del pasado y que además, ya cuenta con el entusiasmo y la confianza de las nuevas generaciones.
Nicaragua necesita cambios con urgencia para no hundirse sin remedio en el pantano de la corrupción y la incapacidad administrativa. Las elecciones municipales ofrecen una buena oportunidad para elegir en cada municipio a las personas con cualidades ciudadanas que se dediquen a trabajar por el mejoramiento de sus comunidades. Entonces la reconstrucción de Nicaragua estará comenzando.
El autor es periodista