Julio Ignacio Cardoze
Las constituyentes han sido para legalizar las ambiciones personales de poder de quienes las han promovido. Si algún día se hacen efectivas las amenazas de Arnoldo, no será porque quiere beneficiar al pueblo, sino para prolongar su control del poder. ¿Existe entre nosotros una cultura cívica? ¡No lo creo! Qué podemos esperar del pobre pueblo ignorante, cuando uno de nuestros más prestigiosos autores legales sobre temas constitucionales, Iván Escobar Fornos, que antes criticó las constituyentes como instrumentos sin contenido para el interés nacional, ahora se prestó a los cambios constitucionales arbitrarios, y dicen que es uno de los artífices, con la absoluta confianza de Alemán, de la potencial constituyente.
La pregunta que debemos hacernos es: ¿Es la Constitución nuestro problema? La experiencia demuestra que no lo es. Si los nicaragüenses queremos un verdadero cambio, lo primero que debemos hacer es identificar el problema, porque nuestros males, definitivamente no están en la Constitución.
Nuestro empobrecimiento, nuestro desempleo, nuestros decadentes servicios públicos, las crisis en la salud, la inseguridad ciudadana, y la corrupción, no son culpa de la Constitución. Por ejemplo; actualmente, los privilegios a una élite gobernante, la impunidad, y la ostensible desigualdad ciudadana ante la ley, no son culpa de la Constitución. Por lo tanto nuestro problema es “que no cumplimos con la Constitución”, ni con las leyes, y tampoco estamos interesados en regular donde más se necesita control administrativo, pues ya vimos cómo Arnoldo “vetó” la ley de la Contraloría, una contradicción, porque es Arnoldo el que quiere la Constituyente. ¡Seamos serios!
¿Qué representará una nueva constituyente, para inventar otra constitución, a la medida de las ambiciones de sus iniciadores? Pues otra farsa, una nueva ilusión popular, presentada por el “Ring Master” de turno en el circo del paisito. El pueblo no sabe lo que es una constituyente, ni su alcance, ni su trascendencia. La gente quiere un cambio, es verdad, y cada uno se hace su propia fantasía de lo que le dicen en la propaganda parcializada, pero en el fondo, al final, la constituyente no será más que otro instrumento político de manipulación, para usurpar el poder; pues los que la proponen, nunca la han concebido de otra manera, ni están animados por buenas intenciones. La visión de Arnoldo de una constituyente no es patriótica, ni democrática. Su táctica será confusión y fraude electoral, más el “mono” del sandinismo, con el pretexto de borrar las huellas del FSLN en el actual estatuto, pero no explica, ¿cómo va a eliminar la actual Constitución, según dice él, porque es sandinista, si para hacer la nueva, necesita la cooperación de ellos, los mismos sandinistas, que hicieron, la que quiere cambiar?, (eso me huele a engaño encubierto), o definitivamente cree que somos imbéciles; su estrategia será asegurarse una legalidad, para actuar y terminar de repartirse el botín del Estado, con ventaja, alevosía y premeditación, porque para esto necesitará el total apoyo del FSLN de forma absoluta.
Hay que oponerse a una nueva constituyente, bajo la actual administración y circunstancias, en nombre de la transición a la democracia, y de la cordura, porque una constituyente hecha por Arnoldo, aunque no será un “coup d’Etat”, sí será un “coup de theatre”, contra el Estado de Nicaragua.