Guillermo Rothschuh V.
En el momento en que las comunicaciones ensanchaban sus dominios hasta abarcar la totalidad del universo, redefiniendo los alcances de la metáfora maltusiana de la Aldea Global, convirtiendo además, literalmente al mundo en una auténtica Aldea Corporativa, con una enorme visión de futuro, la Compañía de Jesús decidió fundar al despuntar los noventa, la Facultad de Ciencias de la Comunicación. Un acontecimiento histórico singular que colocaba a la Universidad Centroamericana a la cabeza de las demás instituciones académicas de Nicaragua en la formación educativa de los cuadros profesionales que la nueva realidad del país y los nuevos derroteros de la comunicación nacional e internacional demandaban.
Colocados en el filo de los diez años de la creación de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, contrario a lo que piensan algunos, se torna imperioso volver nuestra mirada hacia atrás. A nosotros no nos atormenta el pasado. Un balance preliminar arroja como resultado un conjunto de aciertos y un saldo positivo acumulado a nuestro favor. El ejercicio crítico permanente ha permitido rectificar fallas y enmendar errores a tiempo. Desde 1991 hasta el 2000, nuestra trayectoria ha sido la del ascenso constante.
Al hacer el recuento preliminar de estos diez años lo hago sin otra intención que reconocer los aportes que la Facultad de Ciencias de la Comunicación ha recibido de diversos sectores de la sociedad nicaragüense. Para ser justos debemos expresar que cada uno de los logros se deben fundamentalmente al apoyo recibido de parte de las autoridades universitarias de la UCA, a la confianza y ayuda brindada por los distintos medios de comunicación social y al esfuerzo compartido de sus catedráticos y personal administrativo.
La Facultad de Comunicación ha pasado a lo largo de estos diez años por tres etapas claramente diferenciadas. En un primer momento desmontamos la propuesta educativa de la Escuela de Periodismo. Las nuevas circunstancias políticas, económicas, sociales y culturales por las que transitaba el país exigían una nueva propuesta acorde con el desarrollo vertiginoso que experimentaba la comunicación en el mundo.
El primer esfuerzo estuvo concentrado en ganarnos el derecho a la existencia. Para conseguir este objetivo nos propusimos tres metas: reformar un pénsum de estudios que respondía a la necesidad de formar profesionales en una Nicaragua en guerra; con una hiperpolarización galopante, se requería crear un Consejo Asesor conformado por dueños, directores y periodistas de todas las tendencias que teñían el horizonte político nacional; en tercer lugar y en un movimiento paralelo, contratar nuevos profesores y solicitar el apoyo abierto de todos los medios de comunicación del país.
El segundo momento lo orientamos a ganarnos el derecho a la credibilidad. Se forman, en el más breve plazo, profesionales del más alto nivel académico. El lema con que lanzamos nuestra propuesta educativa requería cobrar sentido y vigencia. El país precisaba de profesionales comprometidos con la excelencia. Dispuestos a obtener resultados concretos y visibles, decidimos lanzarnos a copar los espacios que nos brindaban distintos medios de comunicación.
Sobre la base de la práctica, debía mostrarse que los jóvenes universitarios formados en la Facultad de Ciencias de la Comunicación contaban con el rigor académico y las credenciales suficientes como para abrirse campo y hacerse cargo exitosamente de las diferentes posibilidades que les fueran confiadas. Convertíamos en fortaleza nuestra debilidad. La razón era obvia. No contábamos con la infraestructura técnica requerida. Carecíamos de los laboratorios más elementales. Como contrapartida y para remontar la adversidad, ensayamos la celebración de los primeros convenios de prácticas profesionales. Esta determinación tenía un doble propósito: ayudar a pulir la formación profesional de nuestros alumnos y empezar a mostrar a Nicaragua que podía confiar en la capacidad académica de la nueva generación de jóvenes profesionales. El tiempo ha venido a darnos la razón.
La tercera etapa está signada por la revisión, desarrollo y crecimiento de la Facultad de Ciencias de la Comunicación. Establecido el liderazgo de nuestra facultad, afianzada la competencia técnica y el rigor profesional de sus graduados, con una infraestructura técnica propia y con nuevas demandas en el horizonte de la comunicación nacional, para poder continuar ejerciendo este liderazgo, la Facultad de Ciencias de la Comunicación debe asumir sin dilaciones y con el apoyo franco y decidido del equipo de rectoría, tres objetivos concretos: primero, fortalecer con celeridad su cuerpo de profesores; segundo, impulsar hacia el exterior, un agresivo programa de capacitación profesional de sus actuales cuadros profesionales y tercero, abrir con la celeridad del caso, los postgrados que tanta falta hacen al país. Estas siguen siendo por ahora nuestras preocupaciones puntuales. El alcance exitoso de estos objetivos depende en gran parte de la ayuda que recibamos de la comunidad universitaria, de instituciones académicas internacionales y de la colaboración persistente de dueños y directores de medios y del conjunto del periodismo nicaragüense. Esperamos que esta ayuda llegue pronto.
*Decano de la Facultad de Comunicación de la UCA.