Consideración electoral para los refugiados

Douglas Carchache

Sin retraso el gobierno de Estados

Unidos autorizó la libertad y entrada legal de seis cubanos que la semana pasada huyeron de la isla en una avioneta que amarizó en el Golfo de México.

Periodistas de diferentes países señalaron de inmediato el contraste de la política estadounidense, recordando el caso del niño cubano Elián González que fue regresado a su país en junio pasado, después de siete meses de tirantez entre Fidel Castro y Bill Clinton.

Al margen de cualquier argumento, ese trato que brindó Estados Unidos a los últimos refugiados procedentes de Cuba, depende mucho de la campaña electoral que se desarrolla en esa nación y el interés de los demócratas por recuperar los votos de cubanos que perdieron cuando devolvieron a Elián.

Cuando el niño retornó a Cuba, quedó la expectativa sobre cuál sería la próxima pugna en la vieja contienda entre La Habana y Washington, gobierno que mantiene un bloqueo económico contra la isla.

Para muchos analistas, el bloqueo económico norteamericano contra Cuba sólo ha servido para retrasar la caída del régimen de Castro, porque le ha permitido a éste justificar la restricción de libertades básicas de la población y también atraer solidaridad entre naciones latinoamericanas.

Además, el bloqueo ha sido la causa de migraciones graves para Estados Unidos, como la estampida del Mariel en los años 80, cuando miles de cubanos se refugiaron en una embajada en La Habana y terminaron exiliados en la Florida.

Nicaragüenses que recién llegaban a Miami, huyendo del régimen sandinista, recuerdan cómo “los marielitos” los desplazaban de sus empleos, porque los empresarios cubanos preferían ayudar a sus paisanos recién llegados.

Luego aparecieron balsas sucesivas en las costas de la Florida y una de las últimas naufragó con la familia de Elián, salvándose el niño por milagro, el año pasado.

Con Elián en Estados Unidos, disputado por familiares en Cuba y Miami, la relación entre Cuba y Estados Unidos mostró cambios interesantes y hasta coincidieron en la aplicación de la justicia al aceptar Clinton el derecho del padre a llevarse al hijo a su tierra natal.

Pero ese entendimiento momentáneo entre Cuba y Estados Unidos, aunque le reste votos al Partido Demócrata en las elecciones de noviembre próximo, también le abrió a Washington la posibilidad de sustituir su estrategia de fuerza por una más diplomática que podría conducir a la suspensión del bloqueo y una eventual entrada de capitales y empresas norteamericanas en territorio cubano.

De hecho los empresarios estadounidenses ven con interés ese mercado, casi virgen, donde podrían hacer negocios con ventaja, como ya lo intentan canadienses y españoles.

Estados Unidos ha restablecido vínculos con China Continental y Vietnam y es lamentable que con Cuba todavía no, aún cuando las experiencias indican que la mejor vía para incubar la democracia en un país bajo dictadura, es el intercambio libre de su población con la de otras naciones.

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