La lección de Perú a Nicaragua

Freddy [email protected]

Seguramente abimael guzmán, ese líder del grupo terrorista Sendero Luminoso se quedó con los deseos de compartir prisión con el presidente peruano Alberto Fujimori.

¿Cuál es ahora la diferencia entre Alberto Fujimori y Abimael Guzmán?. Guzmán es un fanático terrorista y Fujimori es líder de un gobierno corrupto.

Fujimori convoca a elecciones y desmantela el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), “quema” a su principal asesor Vladimiro Montesinos, implicado en un escándalo de corrupción y neutraliza de esta forma al ejército de su país para que el músculo de la fuerza militar no le dé un golpe de Estado y lo mande a la cárcel.

Fujimori es un espejo para Nicaragua. Hay quienes consideran que el escenario no es el mismo y que en nuestro país las cosas no han llegado a tanto.

Las cosas quizás son peores en Nicaragua que en Perú. Aquí por donde se apriete sale pus. Aquí no hay corrupción sino podredumbre en todas las instituciones del Estado, hay funcionarios corruptos que deberían estar presos, existe un partido gobernante que avergüenza a muchos militantes rojos honestos.

Hay un FSLN cuya mística de hace décadas está hipotecada por intereses mezquinos de sus líderes que son unos aprovechados que se dan la gran vida mientras engañan a su militancia honesta, sacrificada y con principios.

En Nicaragua no sólo debemos lavar la bandera como hacen los peruanos cada semana que protestan contra el gobierno corrupto de Fujimori, sino que debemos lavar a la nación de bárbaros, zánganos y corruptos que se aprovechan de los impuestos del pueblo.

No se puede decir que no tenemos el mismo escenario en Nicaragua, cuando tenemos una Corte Suprema de Justicia que parece un bufete jurídico del FSLN y el PLC, cuyos abogados (los magistrados) están bien alimentados, con gastos reservados, camionetonas de lujo, inmunidad, y manejan a su gusto y antojo el raquítico presupuesto del Poder Judicial; cuando tenemos una Procuraduría de Derechos Humanos que no sirve para nada, cuando tenemos una Procuraduría General de Justicia pasiva, cuando tenemos un Consejo Supremo Electoral repartido como una plasta de pastel.

El presidente Arnoldo Alemán debe aprender la lección, aunque ya es tarde para él. Su gobierno está plagado de corrupción y corruptos, tenemos una oposición corrupta y la institucionalidad del país ha sucumbido ante el pensamiento miserable de dos líderes (Daniel Ortega y Arnoldo Alemán).

Si se tomara la misma medida que en Perú, las cárceles estarían llenas de funcionarios y políticos corruptos. Pero aún así, los que quedaran libres estarían gestionando un indulto para que sus amigos salgan a delinquir otra vez.

Tenemos que poner en perspectivas esta situación. Las dictaduras civiles se fortalecen en la medida en que tienen en sus manos al Ejército, al sistema financiero, a la Policía y todos los Poderes del Estado. En Nicaragua así es y ojo con la Constituyente a cambio de algo que está pasando ahorita en el país.  

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