Nicaragua ante su futuro

La sombra del pasado no debe ser más que un espejo opaco, ante el claro despertar del presente. Generado tras el cambio en 1991, y así posiblemente dar cabida con algo más difícil, borrarse con sus falsos principios democráticos a través de actitudes premeditadas negativamente al más alto nivel político partidario.

El país y su población en general son dignos y con derecho a un mejor futuro con progreso sostenido por una efectiva como determinante gestión del gobierno. Indudablemente la tarea no es sencilla y por supuesto tampoco de una sola entidad o grupo político, más bien se requiere llevar a efecto un trabajo complejo y armónico que origine las condiciones de transformar el profundo subdesarrollo vigente en la Nicaragua agonizante una década atrás, por una nación gobernada con honradez de valores a todos los niveles institucionales bajo el principio de una democracia pluralista que brinde la estabilidad y confianza general trazando la ruta hacia la paz y prosperidad sostenida.

Alcanzar la meta de cambios positivos en una sociedad donde no prevalezca nunca más el miedo como obstáculo al pensamiento proporcionado a través de medidas represivas y la falta de condiciones de libertad en el pasado, no justifica al presente reemplazar esto con actos de corrupción y acuerdos políticos a la sombra de la legalidad democrática.

No debemos olvidar que la descomposición social originada en los factores económicos derivados de la pobreza y sus consecuencias, son aprovechadas al máximo por el fanatismo político de falsas y nuevas promesas que una vez más acechan como presa al marginado y su descontento una vez más traicionado.

Un gobierno responsable y respetuoso de los principios cívicos y alta moral llevada a la práctica política y patriótica, son los fundamentos necesarios en la ejecución planificada de la infraestructura socioeconómica que garantizan el éxito para el desarrollo ante los retos del nuevo milenio. Entonces solamente así poder desterrar profecías inciertas, como una vez lo auguró nuestro mayor orgullo literario (R. Darío) de no saber hacia dónde vamos pero sí de dónde venimos.

Orlando Jarquín S.

Médico residente en los Estados Unidos.  

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