¿Liberales o socialistas?

Alvaro Bardón (AIPE)

SANTIAGO DE CHILE.- Hoy todos se dicen liberales, pero una cosa es declararse y otra, serlo. El socialista, de derecha o de izquierda, se nota porque desconfía de la actuación libre de las personas; sugiere más Estado, más tributos, más regulaciones y algunas formas solapadas de expropiación. Ya no se roba la tierra, las empresas o los capitales extranjeros, pero, en el margen, siempre quita algo, incluyendo un poco de libertad.

En los últimos 10 años en Chile se han subido casi todos los impuestos y ha aumentado el tamaño del Estado; es decir, se le ha quitado ingresos y capacidad de decisión a las personas. Variados socialistas proponen en estos días poner en la Constitución una cláusula de protección adicional a los consumidores, los que estarían, dicen, en una situación de absoluta “asimetría” respecto de los proveedores. Estos, como antes, los explotan y deben ser expropiados un poquito. Otros están planteando regular las ventas especiales como liquidaciones de temporada y los descuentos de precios, propuesta audaz y revolucionaria. Todo esto a pesar de que existe el Sernac, servicio que pretende proteger a los consumidores idiotas -todos nosotros-, que no sabemos comprar.

En estos días se nos quiere prohibir adquirir licor después de las 10 de la noche. Los que se dedican a los negocios nocturnos sufrirán una expropiación o tendrán que entrar en actuaciones clandestinas. A los productores de cigarrillos ya se les quita, directamente, el 70 por ciento del valor, que es pagado en su mayor parte por los consumidores.

La exigencia creciente de recetas para comprar remedios y productos, como el viagra, encarece el tratamiento de las enfermedades y de otras actividades claves y es otra expropiación, en este caso a favor de los médicos. La desconfianza respecto del libre comercio ha llevado a una batería de protecciones al agro y los textiles, que son un castigo para los consumidores pobres, a los que se roba ingresos, a pesar de su triste condición. El exagerado aumento del salario mínimo, en plena recesión, ha llevado a un alto desempleo entre jóvenes y pobres. Los socialistas no confían en la libre negociación y prefieren intervenir el mercado, quitando ingresos a los desocupados.

La regulación ambiental ha significado expropiaciones de envergadura para capitalistas de todos los tamaños y para el resto de la población, al afectarse negativamente la inversión. Lo mismo ha ocurrido con la legislación indígena, que ha desvalorizado la propiedad y frenado inversiones, sin nada positivo para los “protegidos”.

Con la reforma tributaria nos quitarán más ingresos y, quizás, el secreto bancario, a la vez que se nos expropia parte del uso de los automóviles y de las calles, además del elevado gravamen a los combustibles.

La lista es interminable y convendría concluir con la regimentación creciente en torno a la educación, la familia, la mujer, los jóvenes, los niños, los animales y todo lo que se mueva. Llegará un momento en que si usted desea ver a su señora, tendrá que pagar un impuesto, so pena de que se la expropien, al menos parcialmente.

* Decano de Economía de la Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central.

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