Próximamente los diputados ante la Asamblea Nacional estarán discutiendo, artículo por artículo, el nuevo Código Penal de Nicaragua que aprobaron en lo general a mediados de este año. Eso significa que nuestros legisladores pronto tendrán que discutir el Artículo 146 de ese Código, que tiene que ver con el llamado “aborto terapéutico”.
El referido artículo está propuesto de la siguiente manera: “El aborto terapéutico será determinado científicamente, con la intervención de tres médicos especialistas del Ministerio de Salud y el consentimiento de la mujer. Este no será punible en ningún caso”.
Si ese artículo fuera aprobado, significaría que el nuevo Código Penal -que se está redactando para sustituir al Código vigente por considerarse anticuado y no acorde con los tiempos modernos- permanecería obsoleto en lo que al aborto se refiere, ya que prácticamente dejaría inalterado el permiso que la ley actual concede para practicar el aborto, o sea, para matar a la criatura no nacida cuando se estima que la vida de la madre está en peligro.
Es importante tener en cuenta que la razón por la que el Código vigente permite, desde finales del siglo diecinueve, el mal llamado “aborto terapéutico”, es debido a que en ese entonces la medicina era extremadamente primitiva, y no eran infrecuentes los casos en los que los médicos tenían que optar por la vida de la madre o la del niño. El 80 por ciento de las cesáreas resultaban en la muerte de la madre. No obstante, en los últimos 50 años, la medicina ha avanzado mucho más que lo que progresó en toda la historia anterior a este medio siglo. Hoy en día una cesárea es un procedimiento quirúrgico de lo más común y seguro que permite salvar la vida de la madre y la del niño.
Dicho en otras palabras: en la actualidad son prácticamente inexistentes las situaciones en las que los médicos tengan que enfrentarse a la disyuntiva de escoger entre salvar una vida o la otra. Hoy en día, gracias a los avances de la ciencia y de la medicina, ambas vidas pueden salvarse. Eso hace que la figura del llamado “aborto terapéutico” deba desaparecer, por obsoleta, junto con el Código que se está sustituyendo.
Pero qué ironía; al mismo tiempo que la ciencia y la medicina avanzan, la humanidad retrocede en el aprecio y valoración de la vida humana. Tenemos cada vez un mayor respeto por todas las formas de vida animal y vegetal -y eso es bueno- pero simultáneamente hay cada vez menor respeto por la vida del ser humano que se está formando en el seno de una mujer -y eso está mal, muy mal-. Hay incluso ideologías extremas que consideran a las personas como enemigas del medio ambiente, y tratan de prevenir por cualquier medio, incluyendo el aborto, el nacimiento de más personas. Pareciera que se quisiera convertir al vientre materno en la versión moderna de la cámara de gas. Somos más técnicos, pero menos humanos.
En Nicaragua estamos bajo una fuerte influencia de esas ideologías que promueven el aborto. Existen varios grupos feministas y antinatalistas que cuentan con mucho apoyo político y financiero de organizaciones y agencias internacionales de países desarrollados, en donde el respeto por la vida de la persona no nacida ha llegado a su nivel más bajo. En Estados Unidos, por ejemplo, al igual que en otros países del llamado primer mundo, el aborto se ha convertido en el principal medio para controlar la natalidad. Debemos de resistir esas influencias y ser firmes en la defensa de la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte.
La Asamblea Nacional debe eliminar por completo el Artículo 146 del nuevo Código Penal. Suprimir la figura del aborto terapéutico no va en contra de los derechos de la mujer, sino al contrario, en beneficio de su dignidad.