La parte medular de la Convención del Sector Privado celebrada el domingo pasado estuvo constituida, sin lugar a dudas, por el esfuerzo realizado en las 6 mesas de trabajo que, después de concluidos los discursos inaugurales y protocolarios, se organizaron para discutir sobre diversos temas de la vida económica nacional. Las discusiones versaron sobre: el clima de negocios, la infraestructura productiva, las PYMES, el marco legal (reglas del juego), las políticas macroeconómicas (monetaria, fiscal y crediticia) y la educación para el desarrollo.
En cada una de las mesas prevaleció un espíritu entusiasta y altamente participativo. El aporte que los empresarios hicieron, sumado al efectuado con anterioridad en las cuatro miniconvenciones regionales celebradas en las ciudades de Boaco, Granada, Matagalpa y Chinandega, servirán de insumo para la elaboración de una propuesta estratégica para el desarrollo del país que el COSEP dará a conocer el viernes 8 de septiembre, fecha en la que tradicionalmente se celebra el Día del Empresario.
Algunas de las contribuciones estuvieron ciertamente marcadas por un sentimiento de frustración provocado por los múltiples problemas que están enfrentando los empresarios, pero hubo también muchas otras que fueron el fruto de un profundo proceso de análisis y reflexión que sólo puede derivarse de una experiencia de trabajo prolongada dentro del sector privado nicaragüense, y de un estar en contacto día a día con los múltiples problemas, retos y oportunidades que dicho sector presenta. Esas contribuciones fueron sumamente valiosas y deben ser aprovechadas al máximo por los analistas y redactores que elaborarán el documento final.
Si algo quedó plenamente claro fue la decisión de los empresarios de reclamar ser tomados en cuenta con seriedad y respeto en los procesos de formulación de leyes y políticas que afectan su actividad. Es evidente que están cansados de que las decisiones que inciden en la vida de sus negocios sean tomadas exclusivamente por burócratas nacionales e internacionales, y sin la debida participación de ellos que son quienes en última instancia tienen que vivir con las consecuencias de esas decisiones. Con justeza los empresarios han reclamado su lugar, porque como bien lo expresó un destacado ejecutivo: “¡en Harvard no se baila salsa!” Y algo muy importante además: la Convención le dio a los empresarios la oportunidad de recobrar su dignidad y autoestima. Ojalá que el impulso y el entusiasmo logrados se sostengan a través del tiempo.
Creemos oportuno, sin embargo, hacer una observación. La situación actual, que ha sido creada principalmente por la ineptitud e insensibilidad de un gobierno arrogante y prepotente, no debe de llevar a los empresarios a proponer una política económica proteccionista que inhiba la creatividad, la innovación y la competencia. Sus propuestas finales deben, más bien, estar orientadas a exigirle al gobierno que se readecúe de conformidad con nuestra realidad, y que limpie el camino de las múltiples trabas burocráticas que impiden que el sector productivo pueda producir eficientemente.
Pero la Convención del Sector Privado tuvo también otro aspecto interesante: el de los discursos. De seguro que los hombres y mujeres de empresa que estuvieron presentes deben haber acogido con beneplácito las palabras del Cardenal Miguel Obando y Bravo que reflexionó a profundidad sobre la paz y previno a los presentes contra los “tiranuelos” y contra los “comandantes prepotentes”. Don Roberto Terán, Presidente del COSEP, estuvo mucho mejor en su discurso de cierre que en el de apertura. Sus palabras al final del evento inspiraron y motivaron a la audiencia, haciéndolo merecedor de un prolongado y caluroso aplauso. El discurso del Presidente Alemán, dejó mucho que desear. A ratos parecía querer congraciarse con los empresarios, pero en su mayor parte estuvo salpicado de referencias inapropiadas y de frases indirectas y biliosas que no aportaron ningún beneficio. Como bien señaló Don Roberto Terán: “el Presidente perdió una oportunidad de oro”. Aún así, Alemán señaló que el Gobierno acogería las propuestas que hagan los empresarios.
Según algunos observadores, muchos de los temas que se trataron en esta convención fueron los mismos que se plantearon en 1974. Ojalá que esta vez las soluciones no tengan que esperar otros 26 años.