Fabián [email protected]
La mano del Ejército
La intervención del Ejército en la crisis financiera tiene una significación mucho más profunda de lo aparente:
En primer lugar, porque no es función del Ejército meterse en tales asuntos, ni como amable mediador, porque ese papel no le queda, mucho menos como intimidador de la autoridad civil. ¿O es que el general Carrión habló con el Presidente (dicen que un poco subido de tono) como un simple inversionista amenazado por la crisis?
En segundo lugar, la aparición de Carrión en escena debe hacernos pensar, que en cualquier momento que el Ejército sienta afectados sus intereses —que pueden ser tan poco nacionales como sus propias inversiones— usará el poder que tiene para salir bien librado. Y si ahora fue sólo una advertencia, mañana quien sabe…
Finalmente, se demuestra que el proceso de profesionalización, la subordinación a la autoridad civil, es un cuento que le ha servido al Ejército para sobrevivir en estos nuevos tiempos, pero que la liebre saltará en cualquier momento, y ojalá no lleguemos al punto que han llegado otros países, donde los ejércitos sirven para defender castas, inversiones propias, mientras su poder se engorda con el presupuesto que sale de nuestro bolsillos.
Media vuelta ¡¡Marchhh!!
Sea como sea, intimidación o negociación, los encuentros con Daniel Ortega y Javier Carrión han hecho cambiar repentinamente de opinión al doctor Alemán, y lo curioso del caso es que a la medida que el Presidente cambia de opinión, también lo hacen otros personajes. El Procurador Centeno Gómez, que nos hizo decir ¡Jesucristo! cuando vimos la fiereza con que asumió el caso, ahora ya no ve tan mal a los hermanos Centeno, con lo que, aclaro, no tiene ninguna relación familiar, la jueza ya está buscando cómo se puede pasar el caso a la vía civil, y la Superintendencia perdió de repente el colmillo que mostraba. ¡Ahhh este país de pactos!
Diplomacia del dólar
El Canciller Eduardo Montealegre ha reaccionado indignado a la versión periodística que lo puso como la persona que estaría exigiendo a Taiwan, en nombre del Gobierno de Nicaragua, la entrega de los cien millones de dólares prometidos a cambio de apoyo diplomático. No sé si el Canciller diría eso que dijo un diario taiwanés, pero de este gobierno yo no espero menos, después de ver al Presidente Arnoldo Alemán abanicándose con un cheque de un millón de dólares el día que Taiwan dio ese dinero para la construcción del Palacio Presidencial. “No se preocupe señor embajador, que vamos a seguir haciendo esfuerzos para que Taiwan entre a las Naciones Unidas”, dijo entonces el Presidente con el cheque en la mano.
Cáscara
Alguien me comentaba, que la versión que tanto incomodó al Canciller, habría sido una cáscara que le pusieron amigos liberales para que no se retire de su cargo tan limpio como Montealegre hubiera querido.