El señor Tomás Borge Martínez envió a LA PRENSA y al parecer la difundió por otros medios de comunicación, una extraña carta relacionada con la publicación, la semana pasada, de la entrevista con el ex coronel de la Guardia Nacional somocista, Anastasio Somoza Portocarrero. La carta de Borge la recibimos el lunes de esta semana, pero la publicamos hasta hoy porque dado su extraño contenido era menester verificar detenidamente su autenticidad.
La verdad es que resulta muy difícil creer que un dirigente político tan serio como es el señor Tomás Borge, dijera lo que dice en esa carta acerca del somocismo, del ex coronel Anastasio Somoza Portocarrero y del asesinato del Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
En efecto, ¿cómo es posible que el señor Borge diga que su lucha contra la Guardia Nacional y la EBBI “fue injusta”? ¿Cómo entender que sugiera a Anastasio Somoza Portocarrero que “regrese a Nicaragua a salvarnos y a reiniciar una nueva etapa del somocismo”? ¿Qué estará ocurriendo en la mente del controversial dirigente sandinista para que diga: “felicito a LA PRENSA por haber comprendido con diáfana claridad que el asesino del Dr. Pedro Joaquín Chamorro fue el FSLN”?
Aparte de las discrepancias ideológicas y políticas que hemos tenido, tenemos y sin duda seguiremos teniendo con el señor Borge, reconocemos en él a un líder político nacional que merece nuestro respeto, y por lo tanto nos parece extraño que haga, ni siquiera en broma, semejantes aseveraciones.
Sin embargo, y reflexionando más a fondo sobre el asunto, tenemos que reconocer que entre los regímenes somocista y sandinista hubo grandes diferencias pero también muchas coincidencias, como por ejemplo la vocación dictatorial, la intolerancia política, la confusión Estado-partido, el irrespeto a los derechos humanos de sus adversarios, la fobia contra la libertad de prensa, etc.
Tal vez por eso no resultó difícil para el FSLN pactar con el actual gobierno liberal —que en cierto modo representa el regreso parcial del somocismo al poder—, a fin de repartirse ámbitos de influencias institucionales y económicas, a pesar de las profundas diferencias y contradicciones que hay entre ellos, inclusive antagónicas, como se ha visto en la reciente crisis bancaria en la que hasta tuvo que intervenir el Ejército, para que no tuviera consecuencias catastróficas.
Para entender esa sui géneris relación entre el FSLN y el PLC, de entendimientos y confrontaciones, conviene recordar lo dicho por Carlos Marx, quien basó su teoría del “comunismo científico” en la dialéctica hegeliana, acerca de que tanto en la naturaleza como en la sociedad existen los “contrarios idénticos, que se rechazan pero al mismo tiempo se atraen de manera irresistible, y que ejercen recíprocamente entre ellos una “atracción fatal”, como suele decir el Presidente Arnoldo Alemán.
Eso es lo que podría explicar, entonces, la extraña carta del señor Tomás Borge en la que medio en broma medio serio elogia al somocismo y aboga por su restablecimiento. Así como también podría explicar la no disimulada admiración hacia Carlos Fonseca y el sandinismo, de parte de Anastasio Somoza Portocarrero, quien, según la periodista Xiomara Chamorro que lo entrevistó en Guatemala, “vive su propia dicotomía, dividido entre un pasado que lo señala y un futuro al que aspira con serenidad, sin el peso de añejos rencores, contra un Frente Sandinista al que casi agradece que haya cometido tantos errores y así evitar sentirse tan solo frente a la historia”; en una inteligente reflexión que por razones de espacio no se incluyó en la edición de la entrevista con el “Chigüín”.
En lo que a LA PRENSA se refiere, nosotros no nos arrepentimos sino que más bien nos sentimos orgullosos de la lucha que libramos contra el somocismo hasta su derrocamiento, por lo cual pagamos con la vida de nuestro Director Mártir, el Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
Del mismo modo, seguimos contribuyendo al desarrollo de la democracia en Nicaragua y luchando para impedir que se entronice y consolide una nueva forma de dictadura bipartidista, neosomocista y libero-sandinista.