EDDY MACÍAS CARVAJAL
De repente el sistema financiero nacional fue impactado por un fuerte temblor, cuyo epicentro fue Interbank. Los rumores abundan desde la presunción de asociación ilícita para delinquir, pérdidas millonarias de nuevo capital en nuestro país aromatizado con perfume de izquierda, premeditación y alevosía de empresarios exitosos iniciando sus puntos en el mercado financiero, el rompimiento del mentado pacto entre los otroras revolucionarios y el partido en el poder, ajustes de cuentas con facturas vencidas llevando consigo la rúbrica de la traición vil al mejor estilo de los políticos tradicionales de nuestro país.
Una señora con aspecto irritado y excelentes facciones femeninas, sujetándose sus lentes oscuros y un bello corte femenino, reflexionó: “Ahora me hablan de estafa, defraudación, colusión, sobredimensionamiento de encaje legal, capacidad financiera en crisis, saldos insolutos y toda la perorata de los expertos en economía y finanzas donde no me interesa para nada entender estos términos”. De manera olímpica, sostiene que “el Banco Central de Nicaragua tiene suficientes reservas para los cuentahabientes, que a veces me cuesta pronunciarlo ya no digamos entender este sustantivo. Lo único que me interesa es mi dinero”, finalizó de manera exhabrupta acariciándose su pelo negro y bello rostro.
El susodicho escándalo financiero viene a demostrar los niveles de desconfianza en el sector financiero y la fragilidad suficiente demostrada en el manejo de los recursos financieros de nuestro país.
No importa quiénes conforman la junta directiva o los miembros del directorio del Banco de la Pirámide.
“Es que vea usted”, dijo un comerciante que hacía fila en la entidad bancaria cuestionada, “aquí se han perdido cuatro bancos y nadie está detenido. Sin embargo existen cienes de detenidos por robo de un martillo o una gallina, cosas inverosímiles e ilógicas diría Don Quijote a Sancho”, continúo el hombre. “Yo, ni sé dónde jodido guardaré el dinero, creo que volveremos a las tinajas, aunque con la poca seguridad ciudadana no sé dónde están mejor si en el banco o en la calle, si al final la inseguridad es la misma”.
Es la amalgama de los intereses de la cúpula del poder en el gobierno con sus fieles representantes de la banca privada en el fortalecimiento del capital privado, inmiscuido en el gobierno actual y el revanchismo descarado hacia aquellos principiantes de capitalistas que desconocen o quieren ignorar el fundamento teórico de la Ley de Valor, citado magistralmente por los eruditos de la economía política, disertó un analista político con excelencia magistral en conocimientos de Economía Política, en un seminario denominado Política Bancaria, Leyes Económicas y la sociedad, finalizó acariciando la cúspide de una pirámide como queriendo asumir una esperanza y hacer honor al poder magnético que este símbolo genera.
La corrupción haciendo su ronda de manera campante, galopando sobre unos atribulados cuentahabientes desesperados por el inclemente sol del mediodía. Mientras Pedro Solórzano vocifera y despotrica en contra de quienes lo inhibieron, otros ciudadanos nicaragüenses, extranjeros, funcionarios de organismos no gubernamentales hacen fila en recuperar sus saldos perentorios que alivie la situación de angustia por la zozobra en el sistema financiero. Es la expresión evidente de la corrupción de forma contundente en el débil sistema financiero.
A decir verdad, no tengo ni un centavo que perder por la crisis existente, sin negar la preocupación personal de quién o quiénes serán las próximas entidades bancarias que serán afectadas por la Superintendencia de Bancos, bajo la primacía de los intereses políticos coyunturales. Siempre los bancos han sido de aquéllos que acariciando el poder se vuelven banqueros, hombres de éxito, cuyo requisito es requisito sine qua non haber sido funcionario público o nexo directo con los funcionarios actuales no importa la ideología si al final el capital solamente tiene un rostro, ese es precisamente la reproducción de capitales.
Paciencia, quien no pueda resolver una cosa, expresó un filósofo clásico. “Paciencia y ojalá no pierda mi dinero, dirá un pobre creyente que ahorrar es multiplicar el dinero” y máxime cuando de Pirámide se trata aunque ésta se derrumbe, ahogando a sus clientes.
El autor es administrador de empresas.