León Núñez
En la interpretación económica del pacto, utilizaremos una metodología de impronta marxista. Me refiero al marxismo como instrumento de análisis. Pero también vamos a utilizar el simbolismo, con toda su carga imaginativa, simbolismo que nos permitirá “poner en escena” el mundo casi desconocido de los “intereses creados”.
Nuestro citado instrumento nos conduce al conocimiento de que las últimas reformas constitucionales así como la nueva Ley Electoral son las manifestaciones superestructurales de un acuerdo económico. La superestructura es jurídica y política. Es la cara casi enteramente visible del pacto. La estructura es económica. Es la cara oculta del pacto.
Pero apelemos también al simbolismo: ¿Cómo debemos imaginarnos la cara oculta del pacto?. ¿Alguien podrá atreverse a afirmar que la imaginación no forma parte de la realidad? La estructura podemos simbolizarla por la mesa del banquete, con sus respectivos comensales.
Por el estudio de la cara oculta del pacto de 1950 entre Somoza y Chamorro supimos cómo se organizó el banquete. Supimos cómo se estableció el número de comensales y su orden de colocación. La colocación de cada uno estaba relacionada con el sector o los sectores de la economía nacional que le correspondía a cada comensal.
Es preciso destacar que el festín estaba por encima de los partidos políticos y de la Guardia Nacional. Los partidos políticos participaban en actividades superestructurales, pero no estructurales, de tal suerte, que no eran tomados en cuenta cuando se trataba el tema de cómo se iban a repartir los “alimentos”. Cuando Somoza iba a tratar un tema económico, por ejemplo, cómo repartirse un nuevo pastel, no consultaba ni al Partido Liberal ni al Partido Conservador, así como tampoco a la Guardia Nacional. Somoza lo negociaba, pero únicamente con los comensales, independientemente de si éstos eran liberales o conservadores. Los partidos políticos se limitaban a través del Congreso Nacional a darle a lo negociado un barniz legal, un barniz superestructural.
Ahora bien, la seguridad del banquete estaba a cargo de la Guardia Nacional, que garantizaba el suministro de la comida. La clase media era la que dirigía su producción y el pueblo, que se encargaba de producirla, recibía por su trabajo las migajas. La clase media recibía las sobras.
Así pasaron veintidós años, hasta que mediante el pacto Somoza-Agüero se estableció, además del visible acuerdo político, un nuevo acuerdo económico –la cara oculta del pacto– por el cual a Somoza se le sirvieron nuevos sectores de la economía nacional. A los demás comensales se les aumentaron las raciones de comida y postres establecidas en el pacto de 1950.
En 1974 Somoza empezó a “jugarles” la comida a los demás comensales. Empezó a invadir sectores económicos pertenecientes a otros comensales. Por otra parte, irrumpieron en el banquete los hijos, ya mayores de Lilliam, Luis, Anastasio y José Somoza. Todos llegaron, cada uno con su taburete, a sentarse a la mesa del banquete, y empezaron a sacar manteca. La mayoría de los comensales alarmados ante el peligro de perder sus lugares se rebelaron contra Somoza y apoyaron al Frente Sandinista. En 1979 el frentismo terminó con el banquete tradicional, y surgieron nueve bufés.
De conformidad con la cara oculta del último pacto se está organizando el nuevo banquete al estilo tradicional. Se está terminando de elaborar la lista de los comensales; se está fijando el orden de colocación en la mesa del banquete, el menú que se va a entregar a cada uno, etc. Pero existe una diferencia sustancial entre este último pacto y los pactos anteriores. El FSLN, al contrario del Partido Conservador de los pactos de 1950 y 1972, no es tributario del Partido Liberal. Esta circunstancia es la que explica por qué la cara política del pacto no sea completamente visible.
La cara política tiene una zona visible –las reformas constitucionales, la ley electoral, la repartición burocrática, etc.– pero también tiene una pequeña zona que no se ve, que es movediza, que es peligrosa para el futuro de Nicaragua por cuanto está relacionada con el turno en la presidencia del banquete. Se trata de una zona en la que el frentismo se mueve políticamente a sus anchas. Pero este es otro tema del que quizás nos ocupemos en otra ocasión.
El autor es abogado y escritor.