La inversión, entre costo y futuro

DOUGLAS CARCACHEdouglas.carcache@laprensa

Poblaciones pobres, como la nicaragüense, se debaten entre la demanda de inversión extranjera y el sacrificio de sus recursos naturales, en una suerte de lotería con que pueden ganarse un premio millonario o perder mucho al cabo de un tiempo.

En Corn Island se observa este dilema, porque una empresa italiana quiere hacer un hotel sobre un pantano y buena parte de los pobladores se oponen por temor a que, por eso, al cabo de un tiempo se agote el agua dulce que preservan los humedales.

En la isla caribeña nicaragüense la mayoría de la población necesita ingresos porque la pesca, un recurso natural que se agota, ofrece cada vez menos empleo. El turismo es, entonces, una alternativa con magia porque además de propiciar hoteles atraería cruceros y muchos turistas llegarían, dándoles trabajo y dejando dólares a cambio.

Sin embargo, los recursos naturales son un factor de primer orden para determinar el futuro de una población. De su utilización o extinción dependerán el bienestar o las desgracias que recibirán las generaciones futuras. Sin que eso signifique que debamos preservarlos de forma intacta, sin un aprovechamiento racional, porque también los estaríamos desperdiciando. Por ejemplo, los pantanos o humedales de Corn Island podrían ser convertidos en un atractivo turístico, sin necesidad de secarlos para hacer construcciones.

Centro América tiene fuertes ventajas comparativas en el turismo internacional, porque su recurso principal es la naturaleza, tal como indica la Agenda para el Siglo XXI que preparó el Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (INCAE).

Después de la naturaleza, los otros recursos turísticos del istmo son la arqueología, ciudades coloniales, buceo y culturas vivas.

Significa que la utilización adecuada de los recursos naturales puede crearle mucha riqueza en el futuro a nuestro país, pero eso implica transformarlos y aprovechar las oportunidades empresariales, aplicando las leyes con rigor y transparencia.

En el gremio de los ambientalistas se comenta mucho sobre el comercio de los estudios de impacto ambiental, que las leyes exigen a los inversionistas, porque a veces los acomodan al gusto del cliente y a precios bajos. No nos consta, pero hemos visto casos, como el de Corn Island, en que las obras comienzan sin que hayan estudios completos y bien analizados por las entidades involucradas.

También se sabe de las famosas comisiones que algunos inversionistas dan a funcionarios, para que les faciliten la entrada, según reconocieron los empresarios locales en una encuesta reciente.

Hay quienes creen que si Corn Island se convierte en un emporio turístico, la desaparición del agua dulce no sería problema, porque la gente allí tendría buenos ingresos para importarla, así como importamos hoy cualquier producto que no podemos producir.

Sin embargo, correr un riesgo de ese tipo es peligroso, porque el negocio turístico así como crece también puede caer en el futuro en esa isla, producto de la competencia creciente en la región.

Recordemos el caso del occidente de Nicaragua, donde hubo un auge algodonero en los años 60 y 70 y corría mucho dinero. Nadie previó entonces la resequedad y la pobreza que hoy predomina en esas tierras, que antes fueron las más productivas. Por eso, es conveniente aprovechar el negocio turístico pero con una visión amplia, con previsión a largo plazo.  

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