Nueva religión ecologista

  • Una regresión panteísta está detrás de las propuestas de los variados grupos
    ecologistas y ambientalistas, que circulan con un gran
    billete por todo el mundo comprando apoyo para
    detener proyectos mineros, forestales, portuarios,
    agropecuarios, la
    construcción y todo lo que pudiera ser de utilidad para las personas

Alvaro Bardón (AIPE)

SANTIAGO DE CHILE.— Usted hasta hace poco pensaba que el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, era el centro del Universo y que podría disponer de los variados recursos naturales y de otro orden para alimentarse, vivir con dignidad y multiplicarse.

Estaba equivocado y ahora tiene que hacerse la idea de que más importante que el hombre son los pájaros, los árboles y hasta ciertos parajes naturales. Sobran personas en el mundo y millones de ellas debieran desaparecer para permitir el desarrollo de espinos, lechuzas, ratones y cucarachas. No más industria, energía y otras barbaridades que podrían dar empleos y alimentos a la gente. Esta, ahora, está para servir a los animales y plantas que gozan de derechos anteriores al hombre. Este debe adorarlos y venerarlos y su muerte lenta sólo será un sacrificio ante las nuevas deidades. Todo es dios, menos el de la tradición judeocristiana, que tuvo la mala idea de crear los seres humanos.

Esta regresión panteísta está detrás de las propuestas de los variados grupos ecologistas y ambientalistas, que circulan con un gran billete por todo el mundo, comprando apoyo para detener proyectos mineros, forestales, portuarios, agropecuarios, la construcción y todo lo que pudiera ser de utilidad para las personas.

La nueva religión ya está en la ley, molestando a los que trabajan, y se enseña en los colegios, donde se aterroriza a los infantes con una amplia gama de mentiras sobre una supuesta sobreexplotación de recursos y el pronto término del planeta. Como se sabe, todos los pronósticos catastrofistas, como el agotamiento de la tierra y la falta de alimentos y energía, han fallado, pero esto no importa. Tampoco preocupa la situación de los pobres y de los candidatos a muerto, que proliferarán si la buena nueva sigue su curso. No cuenta para nada el hecho macizo del crecimiento de las modernas economías, que ha estado acompañado siempre de una disminución de la contaminación y una mejoría del medio ambiente y la calidad de vida.

La religión verde puede significar para la humanidad mucho más que los cien millones de muertos que costó la otra revolución que estuvo de moda en el siglo XX, la marxista científica de la lucha de clases. Ambas creencias han intentado terminar con la sociedad de personas libres con poco éxito. El comunismo y el socialismo fallaron y ahora corresponde denunciar al antihumanista ecologismo fundamentalista, que ya comienza a subir los costos y a detener la inversión y la creación de empleos, con su secuela de miseria y muerte. No se olvide de que esta nueva religión cree que sobran muchos seres humanos en este mundo. ©

El autor es decano de economía de la Universidad

Finis Terrae, fue presidente del Banco Central.

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