- En este río revuelto
que es ganancia de
pescadores, observamos que el sandinismo está sacando ventaja, penetrando con distintos nombres en diferentes actividades,
organizaciones y partidos
Róger Fischer S.
Los vientos del país, huracanados por algunos políticos profesionales en los medios de difusión, presentan un panorama preocupante para los que amamos Nicaragua y deseamos lo mejor para sus hijos. En este río revuelto que es naturalmente ganancia de pescadores, observamos que el sandinismo está sacando ventaja, penetrando con distintos nombres en diferentes actividades, organizaciones y partidos.
Hay una actitud optimista y desafiante en las imágenes que aparecen de Daniel Ortega y su grupo en sus manifestaciones partidarias que con motivo de las elecciones edilicias están llevando a cabo.
Hemos visto cómo los colores blanco y amarillos de la Iglesia Católica son confundidos intencionalmente en algunos carteles sandinistas de su candidato a alcalde.
Hay preocupación también en algunos sectores por la oportunidad que tiene el frentismo de alcanzar con un 35% del sufragio, la Presidencia de la República, esa puerta amplia es sin duda alguna la esperanza que manifiestan en su euforia por alcanzar las alcaldías más significativas de Nicaragua y el propio Gobierno Central.
Hace algunos días, un conocido periodista hablaba del peligro del Caballo de Troya, que a través de diferentes denominaciones políticas encierra la posibilidad de un retorno sandinista al poder.
Vale la pena recordar a la ciudadanía nicaragüense el significado de un frentismo ortodoxo en el Gobierno de la República.
En primer lugar la familia nicaragüense sufriría de nuevo su desintegración. Nuestros valores redescubiertos en los últimos años se perderían de nuevo y todas las libertades que gozamos se expondrían a ser conculcadas.
La libertad de culto sería deprimida, así como la libertad de cátedra restringida. La libertad de expresión nuevamente censurada, la libertad de locomoción controlada por el Estado, la libertad de comercio se extinguiría, así como la liberta de asociación, el derecho a huelga y otra serie de conquistas que sólo a través del voto se obtuvieron y nos alejaron de aquella etapa trágica de Nicaragua.
Es necesario que los empresarios y banqueros, memoricen qué pasó a raíz del triunfo sandinista y es menester recordar que las últimas declaraciones públicas del candidato rojinegro han sido las de volver a las andadas, convertir la Casa de la Presidencia y otras instalaciones del gobierno en centros populistas de asistencia social; y retornar al militarismo y a los CDS.
Nuestra delicada economía y frágil banca se convertirían en banca del Estado y la economía dirigida llevaría al fracaso todos estos años de recuperación, poniendo además en peligro todas las inversiones nacionales y extranjeras.
Debemos pensar que estamos 40 años atrás de Costa Rica, que nuestro crecimiento aunque significativo, requiere de muchos años para alcanzar niveles satisfactorios y que nuestro pueblo sufrido no debe volver a ser carne de cañón. Recuerdo la anécdota de los generales Chamorro y Moncada en 1926 cuando Emiliano le dijo socarronamente al Canelo en una gallera: “dejá que los gallos se maten mientras nosotros tomamos whisky”.
La codicia, la soberbia, la ira y la envidia, así como la lujuria, la avaricia y la gula de la cúpula sandinista fue una experiencia muy dolorosa para Nicaragua. El parto de la democracia fue muy duro y el desarrollo de la misma no ha sido nada fácil. A estas alturas creemos que la democracia camina y que es necesario apuntalarla cívicamente.
Si el Gobierno ha cometido errores, su obra está visible a los ojos de todos, lo importante es que hemos avanzado a pesar de nosotros mismos.
Dejemos de revolver el río, evitemos la discordia entre hermanos, procuremos una Nicaragua donde sin rencores alcancemos todos, pero no caigamos en el vicio de la mala memoria que puede causarnos el regreso al oneroso pasado.
Si el sector privado fortaleció la lucha contra Somoza, el momento actual es diferente, aquí no hay dinastía, tampoco hay guardia pretoriana, ni negocios que compitan con las empresas organizadas.
Sería muy peligroso para la estabilidad económica y social de Nicaragua, continuar llevando agua al río porque nuestra frágil barca podría naufragar y colapsar nuestra economía.
Debemos actuar en forma responsable y ahuyentar para siempre los fantasmas de la violencia y la guerra. Si los morterazos físicos irresponsables han cobrado vidas y causado heridas, los morterazos políticos pueden llenarnos de luto y de miseria. Vivamos nuestra democracia y ejercitémosla con el espíritu de superación que debe anidar en cada nicaragüense.
El autor es asesor del Instituto de Turismo.