Democracia cristiana en la encrucijada

  • El cambio que demandan los socialcristianos en Nicaragua, ¿pasa
    realmente por una
    alianza con la cúpula
    del Frente Sandinista?

Adolfo Pastrán Arancibia

Las aceptaciones públicas de que destacados dirigentes de la denominada Unidad Socialcristiana vienen sosteniendo pláticas exploratorias con la cúpula del Frente Sandinista, ha generado especulaciones, comentarios, suspicacias y rechazos de todo tipo, y ha abierto el debate y análisis alrededor de esta corriente ideológica.

Como nunca antes en su vida política de 40 años, la Democracia Cristiana se ha encontrado en un escenario complejo y difícil. No hay posibilidades de ir solos, ni a las elecciones municipales, ni a las elecciones presidenciales.

El partido, como tal, está extinguido gracias al pacto liberosandinista y a la Ley Electoral, sus bases están disgregadas en otras alianzas locales y lo único que existe es una cúpula dirigencial.

Esta dirigencia es la responsable de la debacle. Pese que contaron con un fuerte protagonismo y proyección desde la Asamblea Nacional y un considerable apoyo internacional, la Democracia Cristiana no creció, ni se fortaleció como opción. Su más fuerte liderazgo se concentró en la Contraloría, porque después del 96, producto de zancadillas internas y dañinas alianzas electoreras, quedaron partidos en varias tendencias. En la actualidad, algunos se aliaron por oportunismo con el gobierno, y otros exploran una posible alianza con el FSLN.

La actual Ley Electoral fue creada, sin duda alguna, para establecer un peligroso bipartidismo en el país. Para la Democracia Cristiana es imposible participar de forma individual en los próximos comicios por diversas razones, que van desde recursos económicos, estructura partidaria y tiempo.

Pero tampoco hay disposición de trabajar a largo o mediano plazo, tal como lo hizo el Partido de Acción Nacional de México, que ahora llevará al poder a Vicente Fox, que comenzaron de cero y pasaron por ganar gobiernos locales, regionales y hasta diputados, y ahora la presidencia.

¿Cuál es el problema? Probablemente no hay líderes. La cúpula se está volviendo vieja y resistente a perder los cargos directivos, a dar cabida a sangre nueva y con otra visión, a acomodarse, un sector con el poder de turno, y otro en búsqueda de alianzas que le aseguren cómodas cuotas. Si fuese lo contrario, la Democracia Cristiana sería un gran partido, lleno de gente joven como lo fue en los 70 y 80.

El cambio que demandan los socialcristianos en Nicaragua, ¿pasa realmente por una alianza con la cúpula del Frente Sandinista? Existen muchas dudas e incredulidad. El Frente Sandinista, no sólo sigue siendo responsable de muchos errores y consecuencias del pasado, sino de las actuales, y hasta ahora no demuestra ninguna voluntad de cambiar. Si la cúpula no ha sido capaz de reconciliarse con sus disidentes internos a los que ha excluido y tratado de aplastar, como podrá arreglárselas y cumplir con acuerdos de otros que no piensan como ellos?

El desmantelamiento de la lucha contra la corrupción para legitimar la piñata y a los nuevos ricos; el sometimiento de las instituciones públicas a las voluntades políticas de turno; el cierre de los espacios políticos; el retroceso en el pluralismo y la democracia social; el retroceso en la justicia social; la degradación de la dignidad humana a través de la miseria y la pobreza extrema y la violación de sus derechos; el establecimiento de peligrosos cacicazgos totalitarios y dictatoriales, no van con los principios de los democristianos, a menos que esos principios hayan sido sustituidos por intereses electoreros matemáticos, o por el silencio de las prebendas que da el poder.

Como bien dice el presidente de la Internacional Demócrata Cristiana, Ricardo Arias Calderón, no podemos contentarnos con una visión y una vivencia puramente pragmáticas de la democracia, considerada casi cínica como el menos malo de los sistemas de gobierno… la democracia que hemos contribuido a establecer en América Latina enfrenta un reto: acometer y lograr un desarrollo humano sostenible.

No hay duda que para salvar a Nicaragua se necesita de un verdadero consenso nacional y desprendimiento político en la búsqueda del bien común. Para ello hay que hablar y coincidir con todos y cada uno de los sectores de la vida nacional. En el caso del FSLN, debe demostrar más apertura, cambio de actitudes y mentalidades, no sólo un partido mecánico que quiere a toda costa llegar al poder con los mismos actores que representan el pasado.

Del otro lado, hay que comenzar a trabajar como lo hizo Tony Blair en Inglaterra, que modernizó y limpió su partido y procedió a ganar las elecciones, o como lo hace la Democracia Cristiana alemana, o el PSOE en España, cambiando sus dirigencias, con visión de futuro.

Entonces, hay que construir una Democracia Cristiana nueva.

El autor es periodista.  

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