De acuerdo con lo que anunciaron la Policía y los organizadores de las fiestas agostinas de Managua, que comenzaron ayer y se prolongarán hasta el 10 de agosto, esta vez debemos esperar que habrá más orden y menos violencia y delincuencia que en años anteriores.
Ojalá que así sea, pues en los últimos años estas fiestas dejaron mucho que desear, por el desorden, el abuso en el consumo de licor y los numerosos actos de violencia ocurridos no sólo en las procesiones del 1 y el 10 de agosto, sino también en los desfiles hípicos que se supone tienen una más respetable categoría social y cultural.
Sobre todo familias que habitan en Las Sierritas de Managua y cerca de la ruta del recorrido de la imagen de Santo Domingo, se quejan de los espectáculos degradantes que escenifican los borrachos y vándalos, que dan rienda suelta a sus pasiones y desviaciones ante la vista y paciencia del público, niñas y niños incluidos. De manera que por el bien de estos ciudadanos y de la población capitalina en general, esperamos que en esta ocasión se cumplan las previsiones de los organizadores de las fiestas y los planes de la Policía Nacional.
Precisamente por los desbordes que ocurren en algunas fiestas patronales, particularmente en las agostinas de Managua, hay quienes plantean que si las fiestas de Santo Domingo son una celebración religiosa, entonces debería ser la Iglesia Católica la que las organice, para que las encauce correctamente. Pero la verdad es que ya en el pasado las autoridades de la Iglesia trataron de rescatar del paganismo popular y folclorista la celebración anual de Santo Domingo, y darle un carácter auténticamente religioso, pero fracasaron estrepitosamente. Eso ocurrió después del terremoto de Managua de 1972, cuando la imagen de Santo Domingo fue sacada del templo y secuestrada en medio de un mayúsculo desorden, por grupos de exaltados devotos de la imagen, de modo que las autoridades eclesiales tuvieron que resignarse a dejar el asunto igual que antes.
Lo que pasa es que las fiestas agostinas de Santo Domingo no son religiosas en el estricto sentido de la palabra. Son manifestaciones de religiosidad popular, expresiones sincréticas de catolicismo y antiguas creencias indígenas, presentadas folclóricamente en las alegres y bulliciosas fiestas patronales. Lo cual, además, no es un fenómeno estrictamente nicaragüense, sino universal.
El folclorista nicaragüense Willmor López, en su opúsculo “Directorio de fiestas patronales de Nicaragua”, menciona unas 100 celebraciones patronales durante el año, en 189 lugares distintos del país (algunos tienen más de una celebración), aparte de La Gritería y el Niño Dios que se celebran simultáneamente en toda la nación. En realidad no son muchas, relativamente, si se considera que en España hay más de 6 mil celebraciones patronales y populares, según datos de la investigadora española María Ángeles Sánchez en un libro en el que registra sólo 3 mil de ellas, o sea un poco menos que la mitad.
El mismo Vaticano ha aceptado como válidas esas celebraciones patronales que son mitad religiosas y mitad folclóricas, con fuertes reminiscencias de antiguos paganismos, en tanto que son expresiones de la llamada religiosidad popular que existe en todas partes del mundo. Al respecto el Papa Pío XII (Eugenio Pacelli, 1876-1958) señaló en un escrito de 1953: “es necesario no perder de vista que la fe religiosa y la vida popular forman una unidad comparable a la unidad del alma y cuerpo. El folclore no es una supervivencia curiosa de una época pasada, sino una manifestación de la vida actual que reconoce lo que debe al pasado, y prueba de continuarlo y de adaptarlo inteligentemente a las nuevas situaciones”.
De manera que lo que corresponde hacer con estas fiestas de religiosidad popular es encauzarlas adecuadamente, dignificarlas y convertirlas en auténticas manifestaciones de folclore y cultura para el fortalecimiento de la identidad nacional. Y ante todo, tomar medidas para evitar los abusos, la violencia y los actos delictivos, que es precisamente lo que han prometido hacer esta vez los organizadores de las fiestas agostinas de este año y la Policía Nacional. Esperamos que cumplan.