Lo sucio es la politiquería

  • Demasiadas cosas
    sucias se hacen en
    nombre de la política, a tal punto que en muchas partes ha llegado a ser una mala palabra. Pero no es culpa de los
    políticos, sino de los
    politiqueros, que con sus actos de corrupción
    la desprestigian.
    La política tiene una
    misión noble de
    consagración al interés
    nacional y servicio a
    los demás, pero la
    politiquería
    es el aprovechamiento
    del poder para fines de
    enriquecimiento ilícito,
    intereses mezquinos
    o simple vanidad

Max Hurtado Mendoza

“Hay que votar por el candidato que prometa menos; nos defraudará menos”.

(Anónimo).

La política es la ciencia de la síntesis, puesto que en ella confluyen conocimientos de todas las ciencias del hombre y de la sociedad y es también la ciencia de la conciliación de intereses contrarios para dar unidad, en medio de la diversidad, al cuerpo social.

En otras palabras, la política es un acervo de conocimientos tocantes a la realidad social y la aplicación de ellos a situaciones concretas. La política, en cuanto conocimiento científico aplicado a tareas prácticas, se relaciona con el poder y tiene, en consecuencia, la doble dimensión de conducción de seres humanos y de administración de recursos.

Lamentablemente, a la política de nuestros países en vías de desarrollo le falta una dimensión ética. Demasiadas cosas sucias se hacen en su nombre, a tal punto que la política en muchas partes ha llegado a ser una mala palabra. Pero ello no es culpa de los políticos, sino de los politiqueros, que con sus actos de corrupción la desprestigian.

La politiquería es la degeneración de la política. Si ésta tiene una misión noble de consagración al interés nacional y de servicio a los demás, la politiquería es el aprovechamiento del poder o de la posición pública para fines de enriquecimiento ilícito, intereses mezquinos o simple vanidad.

La politiquería carece de grandeza, de proyección histórica, de perspectivas ideológicas. Se desenvuelve en medio de la maquinación ruin, la vulgaridad, el mimetismo, las tránsfugas, la ausencia de ideas y la carencia de ideales. El altruismo de la política es suplantado por el egoísmo de la politiquería, la perspectiva histórica por la visión inmediatista de las cosas, la noble misión de servicio a la colectividad por el aprovechamiento personal. Sin ninguna meta, la politiquería sobrevive en medio de intrigas, maniobras y bajezas.

Con demasiada frecuencia, en el ámbito de su partido los politiqueros hacen todo lo contrario a lo que predican fuera de él. Señalan al gobierno de ser excluyente y ellos se creen los dueños del partido. Proclaman la democracia y convierten al partido en llavero para manipularlo a su antojo. Se oponen a la discrecionalidad de los funcionarios públicos y exigen transparencia, pero ellos no rinden cuentas ni se dejan registrar. Al gobierno le exigen participación y ellos la niegan al interior de su partido. Cuando se les reclama por sus actitudes argollistas, ellos responden que esos son reclamos “populistas”. Ante el pueblo se presentan como campeones de la lealtad y se van con el partido contrario en cuanto la brisa sopla en otra dirección.

Como las cucarachas, los politiqueros huyen del escenario público cuando los alumbra la luz de la honestidad y sus trucos son puestos en evidencia. En síntesis, los politiqueros son una lacra de nuestra sociedad.

Refiriéndose a los politiqueros en general, el notable ciudadano de Boaco, don Flavio Tijerino, los ha llamado “industriales de la política”. Pero es el Dr. Francisco Láinez, expresidente del Banco Central de Nicaragua, quien los ha retratado de cuerpo entero con estas solas palabras: son una mafia.

Para citar un ejemplo de politiquería de la más baja, tomemos el caso de una tal Unidad Social Cristiana (también identificada con las siglas USC), organización inexistente en nuestro país.

Antes y después de las elecciones de 1996 dos de sus cuatro figuras fueron expulsadas de sus partidos UDC y PSC. La otra prefirió cruzarse a la alianza UNO 96 de Alfredo César para lanzar su candidatura a una diputación (su obsesión de siempre), con el resultado de que ni siquiera sus fiscales votaron por ella.

Luego se fueron al Movimiento Patria, donde se colaron con la bandera de antipacto. Allí los partidos demócratas, viéndolos con desconfianza, al final prefirieron deshacerse de ellos. Más tarde aparecieron en la alianza Movimiento Democrático Nicaragüense, en la que siguieron enarbolando la banderita del anti-pacto, pero estuvieron vigilados por sus socios hasta que la alianza se desintegró. Viéndose perdidos (los cuatro), finalmente optaron por unirse descaradamente al FSLN, partido que fue criticado, asediado, atacado y combatido públicamente por ellos, supuestamente por haber firmado el pacto prebendario con el PLC. Concordamos con ellos en que son “políticos de carrera”, pero de carrera perdida.

Con muchísima razón, poco antes de las elecciones de 1996, el ahora presidente de la República de Costa Rica, Miguel Angel Rodríguez, al darse cuenta de las jugadas tramposas y la actuación de tránsfugas de sus homólogos “pescaditos” nicaragüenses, en esa ocasión dijo de ellos que son “camaleones políticos”. ¿Usted qué opina?

El autor es Secretario de Relaciones Internacionales de la UDC.  

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