- La acción política que
requiere una nación en el fondo del barril, como
Nicaragua, no es asunto de aprendices de
política, de pretendidos iluminados, de
arterioescleróticos
o de cardíacos
Róger Mendieta Alfaro
El problema nuestro, es que todos creemos que el ser Presidente de la República es una gran babosada y que cualquier mico por muy dárselas de listo, o por muy bobo que sea, tiene al alcance de la mano la res pública que han maquillado en este estado conflictivo, dispendioso y secuestrado al que llamamos democrático y representativo.
No fue otra la intención de quien firma este comentario, cuando escribió la novela El Candidato, en la que un relojero loco, medio pudiente a costa de los dineros de su pobre mujer, se le metió entre ceja y ceja, una república que ella llamó de Ostocal, que como el vocablo significa en lengua indígena, es cosa llena de huecos, o de gavetas, casi con la misma intención y la oscurana que prevalece en quienes hacen y disponen de las leyes en Nicaragua.
Los políticos, si es que quieren ver su retrato, deberían leer El Candidato, que a lo mejor alguna lección obtienen.
Por supuesto, los lectores si es que aprendieron a leer antes de dedicarse a la política, deben de estar muy claros, de que el Estado y el escenario que prevalece en El Candidato, es un Estado y un escenario lleno de viejos que más debieran estar en proceso de descanso y de retiro, y no andar con pretensiones de incursionar en el terreno de la política, que en materia de experiencia es ejercicio cívico que hay que aprenderlo temprano, cuando tenemos el tiempo para hacerlo.
De ahí que El Candidato sea una farsa que pinta y se proyecta en lo que tenemos hoy como escenario: despiadada farsa que puede llevar a este país peligrosamente a la ruina, y que malbaraten el momento de continuar avanzando en la reconstrucción cívica de una república, que bajo presiones y artimañas de los encomenderos del comunismo en extinción, probó Doña Violeta que era posible sembrar para un futuro promisorio.
Ayudemos pues a los jóvenes que diseñen el nuevo proyecto social y económico que requiere el Estado Democrático que puede salvar a los pobres, y hasta a los ricos de este país. Evitemos la explosión, que Nicaragua vive un momento realmente peligroso. Cuando se produjo el estallido que dio al traste con Somoza en 1979, había un liderazgo visible y aparentemente confiable hasta el día de la caída. Este liderazgo, fue lo que permitió que los desafueros de la violencia desatada encontraran un dique de detención, a la hora de la exacerbación de las pasiones y el delirio de venganza.
En este momento este liderazgo no existe. El sandinismo ha perdido crédito; es un movimiento minado, a la defensiva y en derrota; haciendo honor a su propia tesis hegeliana de negación de la negación. El partido del gobierno, bajo el que viven un evidente secuestro las instituciones, anda con muletas o en silla de ruedas. Ambos deberían estar pensando en ser más serios. No hacer las del avestruz: abrir el paso que han cerrado a la democracia y pensar en el país y en ellos. Hay que tener presente que todavía están visibles las huellas de la estampida.
No sigamos creyendo que la acción política que requiere una nación en el fondo del barril, como Nicaragua, es asunto de aprendices de política, de pretendidos iluminados, de arterioescleróticos o de cardíacos. Ayudemos a los jóvenes, démosle paso alegremente y asesorémosles, que tal vez necesitan de nuestra experiencia. Y después de cualquier dolor esclerótico que a lo mejor causa preocupación sobre todo por las mañanas a la hora que los huesos crujen, y las articulaciones no están muy de acuerdo con nuestras infantiles ambiciones de viejo, a lo mejor es recomendable tener una entrevista con don Cándido Valpulso, el famoso protagonista de El Candidato.
El autor es escritor.