- El ruido y el desbordamiento de los gases se ha convertido en un peligroso problema y las
autoridades no hacen
absolutamente nada por remediar
César Anzoategui
El ruido infernal y el tremendo escape de gases de los vehículos que circulan en esta ciudad, se ha convertido en un interminable dolor de cabeza para los que habitamos en esta ciudad capital, gracias a la incapacidad e incompetencia de los que manejan la Oficina de Tráfico, que con su complacencia exponen diariamente a la ciudadanía a contraer graves enfermedades, ya que el ruido estridente de los vehículos de transporte y camiones es porque les recortan el tubo de escape, lo cual produce más gases contaminantes que dañan los pulmones por su efecto cancerígeno, lo mismo que en la vista especialmente en los niños y ancianos.
El ruido es mucho más peligroso cuando es más fuerte, cuando éste alcanza un máximo como el ruido que produce un taladro eléctrico de construcción, o una moto que le recortan el mofle para producir más ruido, con la posibilidad de adquirir sordera permanente y cuya recuperación tarda mucho tiempo.
Los ruidos, aún estando uno dormido, según los electrocardiógrafos y electroencefalógrafos, quedan registrados en el cerebro, y el sistema nervioso responde automáticamente, lo mismo que en el día, más aún en los enfermos y en los ancianos, generando depresiones, alucinaciones y tendencias homicidas, según el doctor Groenewold, y pueden pasar fácilmente a través de un muro de dos metros y medio.
El ruido y el desbordamiento de los gases se ha convertido en esta desdichada ciudad en un peligroso problema que las autoridades correspondientes no hacen absolutamente nada por remediar. Si fueran personas responsables, podrían hacer más habitable nuestra ciudad, o seguiremos protestando continuamente por estos problemas que nos afectan a todos.
Por qué autorizan a cientos de vehículos a transitar sin placas, las que deberían dar inmediatamente, puesto que inmediatamente se les pagan, o darles una provisional como se hace en todo país civilizado.