La XXVI reunión cumbre del G-8 (jefes de Gobierno y de Estado de los 8 países más ricos del mundo: Estados Unidos, Japón, Alemania, Canadá, Gran Bretaña, Francia, Italia y Rusia), que se celebra este fin de semana en la ciudad japonesa de Nago, isla de Okinawa, es importante para Nicaragua porque entre otros temas tratan el de la ayuda a las naciones más pobres y endeudadas de la Tierra.
Precisamente en una anterior reunión cumbre en la ciudad alemana de Colonia, el G-8 se comprometió a aliviar las deudas externas bilaterales de 41 países pobres altamente endeudados (entre los cuales se cuenta Nicaragua, por supuesto), hasta por un monto de 27,000 millones de dólares. Del compromiso de Colonia se han beneficiado hasta ahora sólo nueve países, pero se espera que en lo que resta de este año se condone o alivie la deuda de otros 11 países pobres altamente endeudados.
La reunión del G-8 en Okinawa y particularmente la presencia del presidente norteamericano, Bill Clinton, tiene para los japoneses una singular significación porque en esta isla fue que se libró la única batalla terrestre entre los ejércitos de Estados Unidos y Japón, durante la Segunda Guerra Mundial, que provocó la muerte de un tercio de la población okinawense. Luego, a pesar de que la ocupación norteamericana de Japón terminó oficialmente en 1952, Okinawa volvió a ser japonesa hasta en 1972, pero hasta hoy Estados Unidos sigue ocupando un 20 por ciento del territorio de la isla, donde se encuentra la base militar estadounidense de Kadena que es la más grande en todo el lejano oriente.
De manera que la presencia del presidente de Estados Unidos en Okinawa es considerada como una ofensa por los nacionalistas nipones, que incrementaron sus acciones contra la ocupación parcial norteamericana de la isla a partir de 1995, cuando una niña japonesa de 12 años fue violada por tres soldados norteamericanos. Más recientemente, a principios de este mes de julio, el repudio a la ocupación en Okinawa cobró nueva y mayor fuerza al conocerse la noticia de que un marine norteamericano abusó sexualmente a una adolescente japonesa de 14 años.
Por otro lado, la reunión del G-8 en Okinawa es la más cara de todas las 25 que se celebraron hasta ahora, ante todo por los fuertes gastos en seguridad principalmente del mandatario de Estados Unidos, para la cual el gobierno japonés ha movilizado a 22,000 policías y militares y 2,200 guardacostas. En total el Japón está gastando en el evento más de 750 millones de dólares.
Pero en esta reunión del G-8 que se celebra en Japón, si bien es cierto que están todos los que son (es decir, los países más ricos), es obvio que no son todos los que están. Lo decimos por Rusia, que forma parte del G-8 por conveniencias políticas y estratégicas y no porque sea un país realmente rico. En el seno del G-8 Rusia más bien hace una fuerte competencia a los países pobres pequeños más necesitados, pues está pidiendo una condonación parcial de 100,000 millones de dólares de su propia deuda externa, que en su mayor parte fue heredada del desaparecido régimen comunista soviético.
En cualquier caso, los ojos del mundo pobre, atrasado y altamente endeudado, están puestos este fin de semana en la lejana isla japonesa de Okinawa, con la esperanza de que el G-8 apruebe nuevos programas de ayuda que en realidad beneficien a que a los pueblos y no a los gobernantes. Estos, como se sabe, olvidan de hecho aunque lo reconozcan de palabra que el trabajo duro, la austeridad del gasto público y privado, la administración honesta de los recursos, la eliminación de impuestos a fin de fomentar la producción y atraer inversiones, y la creación de riqueza, es lo único que nos puede sacar de la pobreza para que dejemos de depender de la caridad pública o solidaridad internacional. Y que la ayuda externa sólo debe ser un complemento del esfuerzo propio en pro del crecimiento y el desarrollo.