Jorge Ramos Avalos
(II de III entregas)
Ramos.– En su campaña usted acusó a muchos priístas de corruptos, de malos manejos. Muchos esperan que usted haga justicia. Pero ¿su gobierno va a hacer un gobierno vengativo, castigador?
Fox.– No, de ninguna manera. Y sí hay esa clase de priísmo. Sí que la hay.
Ramos.– No quieren que se raje, básicamente.
Fox.– No, no por supuesto que no. Y es importante establecer la verdad del pasado para poder construir el futuro. Es importante que haya justicia en un país para que pueda vivirse el estado de derecho. Y en este sentido vamos a trabajar sobre el pasado. Pero no con el esfuerzo del gobierno y no distrayendo la atención del futuro que tenemos que construir con rapidez, de la pobreza que tenemos que combatir con urgencia.
En ese sentido vamos a crear la Comisión de Transparencia para que averigüe sobre el pasado, integrada por ciudadanos de alta calidad moral y trabajando junto con el Poder Judicial y con Procuraduría de Justicia del país. Y así avanzar sin detener el gobierno que está construyendo, impulsando el desarrollo económico sustentable en este país.
Ramos.– Pero por ejemplo, políticos como el ex presidente Carlos Salinas de Gortari ¿debería tener miedo de venir a México porque podría acabar en la cárcel?
Fox.– Pues bueno, lo que pasa es que no hay ninguna denuncia en particular presentada en contra de él. Ciertamente la hay de su familia, particularmente de Raúl, del hermano Raúl, el famoso hermano incómodo. Sin embrago es vox populi, y es señalamiento de todo el pueblo los muchos errores cometidos por Carlos Salinas. Y también muchas posibles corrupciones. Lo primero que habría que hacer es conocer a fondo el sexenio, hacer las averiguaciones pertinentes y presentar en el ministerio público las denuncias. Esto es parte de la tarea que hará esa Comisión Nacional de Transparencia.
Ramos.– (Sobre la) transición, por supuesto, es muy difícil pasar de un gobierno priísta a un gobierno de la oposición. Usted ha pisado muchos callos y está amenazando muchos intereses. ¿No tiene miedo un atentado contra su vida?
Fox.– Pues la verdad es que no me da tiempo para eso. Duermo poco, trabajo mucho, participo mucho con ustedes, con los medios de comunicación. No hay tiempo pa’ pensar en temor. Yo creo que cuando se lucha por una causa noble como es en este caso por México, yo francamente no tengo temor y no creo que vaya a haber tal atentado.
Ramos.– ¿Pero su seguridad ya cambió (al pasar de) candidato a presidente electo?
Fox.– Estamos reforzando, sí, algo la seguridad. De cualquier manera es una seguridad propia que venimos construyendo desde que estuve de gobernador en Guanajuato. El primero de diciembre pasaré a manos del estado mayor presidencial –una vez que hagamos la elección de quién va a encabezar ese organismo del ejército– y creo que habrá suficiente garantía de seguridad.
Ramos.– Usted culpó al presidente Zedillo de que millones de mexicanos se iban a los Estados Unidos a trabajar porque aquí no encuentran trabajo. ¿Qué va a hacer usted para que estos mexicanos no se sigan yendo?
Fox.– No es consecuencia de un solo gobierno. En realidad la economía no crece hace 25 años. Seguimos con el mismo ingreso per cápita que teníamos desde entonces. Como decíamos aquí: la cobija se ha ido haciendo chiquita, el pueblo va creciendo y hoy no alcanza para cubrir a todo mundo. Lo que necesitamos es hacer crecer la economía; es la única manera de que existan las oportunidades y los empleos. Es un reto enorme. Es audaz lo que hemos propuesto: crecer a un siete por ciento. Si logramos crecimiento al siete por ciento el asunto está resuelto. Si da para (crear) el millón 350,000 empleos (anuales).
Ramos.– ¿No es muy optimista el siete por ciento?
Fox.– Es optimista. Lo han hecho muchos países. Lo ha hecho México por décadas. Y lo vamos a hacer porque todo el mundo está en un boom de crecimiento. La propia economía americana llegó a crecimientos por encima de siete por ciento en un trimestre. Y éste boom de crecimiento que está dando todo el mundo es producto del drive tecnológico impresionante que hay; de asuntos como el internet, el celular, que se estima impactan hasta en uno y uno y medio por ciento el crecimiento del Producto Interno Bruto de muchos países.
El impacto del comercio que también está dando una gran sinergia al crecimiento. Y finalmente la economía del conocimiento. El hecho de esta nueva economía que ya no está fincada en las fábricas como estaba antes, sino en el conocimiento, en la tecnología. Estas corrientes de crecimiento es el último tren que está disponible para que los mexicanos nos subamos y créemelo, créanmelo, nos vamos a subir a ese tren de éxito, a ese tren de crecimiento.
Ramos.– Quienes no se han podido subir a ese tren son cerca de seis millones de mexicanos indocumentados en Estados Unidos. Muchos mueren, otros se ahogan en el río, son golpeados o perseguidos. ¿Qué puede hacer usted por los mexicanos del otro lado de la frontera? Realmente.
Fox. Bueno, vamos a trabajar de tres cosas. Primero, velar por sus derechos. Asegurar que protegemos los derechos humanos de cada uno de los inmigrantes legales o ilegales. Se tienen que respetar sus derechos. Seremos un gobierno con la autoridad moral, con la legitimidad democrática y con la voluntad de hacer esa defensa. No vamos a aceptar que esté andando esa cacería de indocumentados ahí en Arizona. Eso es increíble que esté sucediendo a estas alturas, ya en el siglo 21.
Segundo, vamos a trabajar juntos con los migrantes para hacer inversiones allá y acá. Porque ya muchos han logrado una buena posición allá. De hecho, generan un Producto Interno Bruto más grande que el que generamos los 100 millones de mexicanos acá. Buscar esta asociación a través de un esfuerzo inmenso de consulados, de clubs, de casas de los distintos estados de la república mexicana.
Y (tercero), buscar que contribuyamos ambos a sacar del subdesarrollo a sus propias familias, acá, en sus comunidades rurales.
Ramos.– Usted dijo que ya no iba a decir groserías. Pero ¿todavía se siente a toda máquina como ayer (dos de julio) dijo?
Fox.– Híjole, todavía se me suelta una que otra por ahí. Haber, todavía, y cumpla mi promesa. Pero, bueno, me disculpan si se me va alguna por ahí.
Ramos.– Maquío (Manuel Clouthier, el líder panista que murió en un extraño accidente) decía: “la cochi no suelta la mazorca ni aunque le den palos”. Ahora ya soltó la mazorca.
Fox.– Así es. Y es sorprendente cómo se dio este proceso de transición. Por un lado, con un pueblo de México volcado en una revolución de esperanza, en un gigantesco movimiento cívico popular de millones y millones que despertamos en estos últimos tres años. Segundo, un Instituto Federal Electoral que hizo una gran tarea, una tarea muy profesional. En el día de ayer (dos de julio) prácticamente no hubo quejas ni irregularidades. El proceso se dio a la altura de lo que esperábamos. Y tercero, tengo que reconocerlo, la propia voluntad del Presidente Zedillo de dejar que la transición se dé sin ponerle interferencias ni obstáculos. Reconozco a mis competidores, a Labastida, Cuauhtémoc Cárdenas, que finalmente reconocen el triunfo. Y para ellos mi reconocimiento a pesar de que hayamos tenido grandes debates, hoy podemos trabajar juntos por México.
Ramos.– ¿Quién va a ejercer de primera dama?
Fox.– No, por lo pronto no hay tal. (Las) decisiones personales las tomaré cuando se presenten.
Ramos.– ¿Podría ser su hija (mayor, Ana Cristina)?
Fox.– Mi hija no. Ella tiene su propio proyecto. Ella está estudiando leyes. Ella colabora en la campana; se acerca, trabaja con gran entusiasmo, sobre todo con los jovenes. Pero aquellas tareas que se les reconocían a las primeras damas –del DIF y de otras– esas las vamos hacer profesionalmente (con la) integración de los mejores equipos para esa tarea.
Ramos.– ¿No se va a quitar las botas?
Fox.– Nunca. Ni en la tumba. Ahí voy a estar con las botitas afuera.
Posdata. Fox no había acabado de pedirle a los mexicanos en Estados Unidos que le echaran muchas porras a México “porque el siglo 21 es el siglo de toda Latinoamérica” cuando los fotógrafos y reporteros que nos escuchaban, percibiendo una pausita, saltaron a hacerle otras preguntas. Fox quedó rodeado. Mi entrevista, obviamente, había terminado. Y ni siquiera pude despedirme. Tampoco pude contarle a Fox que con su triunfo me había liberado de una tortura periodística por los próximos seis años. Sí. Con su victoria ya no tendré que andar correteando durante todo el sexenio al presidente en turno –como lo hice en su oportunidad con Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo– y bombardeándolo con preguntas pesadas. Con la derrota del PRI quedó cumplida una misión autoimpuesta desde que comencé en esto del periodismo a principios de los 80: nunca dejar de hacer las preguntas incómodas a los gobernantes mexicanos hasta que la verdadera democracia representativa, con alternancia, llegara hasta la Presidencia de México. Ahora sí, la democracia ya llegó a México y lo hizo con botas.