El esfuerzo de la inversión privada en el desarrollo económico de cualquier país, especialmente en nuestra economía global, requiere de un efectivo liderazgo político que promueva la educación básica, técnica, y profesional del ciudadano; que defina adecuadamente metas anuales para reducir el gasto público; que establezca las bases legales para proteger a todo individuo, tanto nacional como extranjero; que promueva tanto la inversión local como la internacional; y que tenga la integridad para gobernar como servidor del país.
El capital (o inversión), tanto nacional como extranjero está disponible de manera inmediata siempre y cuando se dé lo anterior.
El paradigma del nuevo político ya no debe de estar fincado en la falacia de que el Gobierno es el mejor promotor del crecimiento nacional. El nuevo paradigma dicta que es el poder tecnócrata y financiero el que promueve un desarrollo más justo para poder perpetuar su crecimiento.
Sólo con un desinteresado liderazgo político se obtiene el clima adecuado para que la empresa privada se concentre en lo que sabe hacer: generar riqueza para el país y para el inversionista que lo arriesga todo
Rafael Alvarado Q.