El caso del sobreseimiento definitivo que el Juez Suplente Walter Erick Solís dictó a favor de Alejandro Carrión, es digno de analizarse también desde el ángulo del tratamiento que la justicia da a la persona de acuerdo con su condición social y sus posibilidades económicas.
Una persona con mucho dinero y renombre tiene indudablemente ciertas ventajas a la hora de lidiar con la justicia. Puede pagar los mejores abogados y lanzar campañas que influyan en los jurados. El sonado caso de O.J. Simpson, en los Estados Unidos, ilustra adecuadamente el punto. Simpson, famosa estrella del fútbol americano, fue arrestado en una bien televisada cacería bajo la acusación de haber asesinado a cuchilladas a su esposa. El negó los cargos y fue sometido a uno de los procesos más célebres de la justicia norteamericana. Sus abultadas cuentas bancarias le permitieron pagar la mejor defensa legal. En el juicio se usaron análisis de DNA y otras indagaciones sofisticadas. Al final, tras meses de deliberaciones y agitadas controversias periodísticas, el jurado de conciencia lo declaró inocente. El fallo causó estupor y protestas. Quizás O.J. Simpson fuera culpable, quizás fuera inocente. El caso es que tras una indagación exhaustiva los miembros del jurado no acumularon la evidencia necesaria para concluir que la mano de Simpson hubiera esgrimido el cuchillo homicida.
¡Qué contraste con el caso de Alejandro Carrión y Pablo Leal! Aquí, fijémonos bien, no está en discusión el hecho de que Carrión mató a Leal. Nadie, ni su abogado o familiares ponen eso en duda. Carrión terminó con la humanidad de Leal con tres disparos de fusil AK. Eso, en cualquier país civilizado del mundo hubiera producido al menos la persecución y encarcelamiento del hechor y la apertura de un proceso para indagar la gravedad del homicidio. Si el examen de las circunstancias, incluyendo el interrogatorio exhaustivo del sospechoso y los testigos, arrojan evidencia de que el acusado actuó con premeditación y las otras características propias del asesinato, éste sería condenado y recibiría la pena correspondiente. Si, por el contrario, se demuestra que el acusado actuó en legítima defensa, como último y único recurso para preservar la vida ante una agresión inminente y letal, entonces se le absuelve. Es evidente que calibrar el papel de todos los factores que intervienen en estos procesos es arduo, difícil y delicado. Errar contra el inocente es muy grave. Errar eximiendo al culpable también lo es. En ambos casos se vulnera la justicia y se daña a la sociedad. Por eso es que no se puede juzgar con ligereza. La función de impartir justicia demanda conocimiento pleno, dentro de las limitaciones humanas razonables y de las circunstancias que rodean el caso.
Por eso choca profundamente la ligereza con que un juez, sin mediar todo ese proceso intenso de indagación, y sin siquiera haber interrogado al hechor, declara que éste actuó en legítima defensa y “estado de necesidad”. Su conclusión es aún más insólita si se considera que para que exista legítima defensa los medios con que el sujeto se defiende tienen que ser proporcionales con la magnitud del peligro que lo amenaza. Ante un machete, si acaso se hubiera blandido, un fusil AK puede dispararse al aire, o en trances más críticos a los pies o la mano, pero tres balazos en el cuerpo del supuesto agresor, ¿son proporcionales a la amenaza?
Pero el Juez Solís ni siquiera interrogó al más importante miembro del drama, que es el acusado. A O.J. Simpson lo interrogaron, como diríamos en buen nicaragüense, al revés y al derecho. Se le preguntaba y contrapreguntaba ante el público con preguntas hábiles orientadas a captar cualquier inconsistencia y a permitir intuir su falta o presencia de sinceridad. En el caso Carrión no. El implicado ni siquiera tuvo que enfrentar la incomodidad de las preguntas.
Es que desafortunadamente estamos en otro país. Pero lo más triste no es eso, sino que hemos retrocedido en cuestiones de justicia. Esto es trágico y debe preocuparnos mucho. La crisis de la justicia es destructora de la paz. Si no resolvemos este problema no tendremos futuro.