- Según un documento
internacionalmente aceptado por los países signatarios de la
Organización de
Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), la introducción de
especies extrañas
implica un grave riesgo de efectos adversos
Salvador Montenegro G.
Entre los casos de destrucción ambiental nacional está la iniciativa de criar los peces africanos denominados globalmente tilapia, en jaulas suspendidas en aguas del Lago Cocibolca porque “es un buen negocio y traerá divisas”. Este es otro gran error que posiblemente tendrá graves consecuencias si se permite hacerlo.
De hecho, aunque existe interés empresarial mundial por la mejoría de los precios que igualan ahora los de la trucha (ver TILAPIAS) el cultivo de especies agresivas como la tilapia no se permite hacer en jaulas y mucho menos en aguas naturales en países civilizados, porque los daños que causa son grandes e impredecibles.
Existe un documento internacionalmente aceptado por los países signatarios de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), denominado Código de Conducta para Pesca Responsable (que incluye a la acuacultura) que los Estados miembros están supuestos a adoptar, y que considera el uso de especies introducidas un riesgo de efectos adversos sumamente grande (ver Acuerdos Internacionales de la FAO sobre introducción de Especies Extrañas). Nicaragua es país signatario y miembro de la FAO, además que ha oficialmente expresado su voluntad de aprovechar racionalmente y proteger los recursos naturales y el entorno ecológico, de acuerdo con la Constitución y la Ley General del Ambiente. Entonces, corresponde al Gobierno por la vía del Ministerio de Agricultura, del Ministerio del Ambiente, y la Procuraduría General hacer prevalecer estos principios.
Existe documentación copiosa sobre situaciones precedentes como los efectos causados sobre los ecosistemas lacustres por la llegada de peces “tilapia”, (Oreochromis mossambicus, O.niloticus, O.aureus, Tilapia rendalli, T.zillii y otras primas), a cuerpos de agua en el mundo entero. Uno muy conocido es el del Lago Victoria (tercero en tamaño en el mundo), en el que su pesca basada en 177 especies de peces nativas pasó de 61000 toneladas anuales a 30,000 después de la introducción de peces foráneos. Además de la disminución de cantidad de pesca, la mitad de la pesca desembarcada es el pez “perca del nilo” Lates niloticus, otro pez introducido sumamente invasor.
La desaparición de peces nativos, como en Nicaragua ya está ocurriendo con nuestro guapote lagunero, muy deseado en el ámbito deportivo, tendría indeseables consecuencias para las expectativas del desarrollo turístico. Habría que decidir si los nicaragüenses deseamos tener un Gran Lago Cocibolca destinado a la producción de tilapias con el beneficio de unos pocos (o tal vez solamente lo queremos para la recepción de desechos municipales e industriales), o si deseamos que el desarrollo turístico integral coadyuve al aprovechamiento sostenible y protección del recurso natural y patrimonio más importante con que aún contamos.
El autor es biólogo marino