México votó por el cambio

  • Lo impactante fue el “hartazgo” de la gran mayoría de los mexicanos que sacaron al PRI del poder donde estuvo encasillado por setenta y un años

Emilio Alvarez Montalván

El triunfo de Vicente Fox, en las elecciones mexicanas debe juzgarse trascendental desde varios puntos de vista. Para empezar es evidente que las instituciones de ese país hermano salen consolidadas con la victoria del partido opositor. A ese respecto el Instituto Federal Electoral demostró no sólo imparcialidad, sino una extraordinaria eficiencia al procesar impecablemente y con el reconocimiento de todos, un universo de varias decenas de millones de votantes. Un detalle interesante que agregó transparencia al acto comicial es que inmediatamente que se cerró la votación, se divulgó por TV los datos proporcionados por los sufragantes respecto a quien habían favorecido con su voto.

Más aún la tendencia final de la votación la dio el IFE la misma noche, al punto que el Presidente Zedillo pudo felicitar al ganador un cuarto de hora después. Por otra parte esos comicios probaron que la opinión pública mexicana tiene confianza en el voto y rechaza la violencia como instrumento en la lucha por el poder, razón por la cual las guerrillas zapatistas y las prolongadas asonadas universitarias en el Alma Mater perdieron sentido. Con ello las oportunidades de un diálogo franco después de estas elecciones ofrece más oportunidades de éxito.

Lo impactante sin embargo fue el “hartazgo” de la gran mayoría de los mexicanos sacando al PRI del poder donde estuvo encasillado por setenta y un años institucionalizando la corrupción, aunque de cierta manera este recurso perverso dio una estabilidad difícil de lograr a una sociedad tan dispareja injusta como la mexicana.

Fue evidente que Vicente Fox tomó en sus manos la atractiva bandera de las reformas políticas que urgentemente necesita el sistema de su país y cambiar con ello comportamientos que a estas alturas de la globalización resultaban obsoletas. En esa tarea el PAN no es un advenedizo ni llega al poder encabezando una turbonada de ilusos. Además de ser un pragmático hombre de empresas, viene Fox apertrechado con experiencias concretas que ha tenido con la peculiar clase política mexicana y su entorno social, al haber actuado como exitoso gobernador de Guanajuato y luego al formar parte del Congreso Federal.

De hecho los reclamos del PAN datan desde 1938 cuando su fundador Gómez Bonilla propuso su célebre paquete de cambios que en ese entonces sonaban quimera. Desde ahí comenzó aquel partido su ascenso paso a paso, hasta organizar una gran fuerza política que rebasó los grupos económicamente fuertes que le dieron origen para convertirse en una gran fuerza con apoyo en la extensa, influyente y creciente clase media mexicana.

También merece crédito Cuauhtémoc Cárdenas, quien con su partido PRD se arriesgó a denunciar valientemente desde una izquierda sobria, sensata muy perseverante las lacras del PRI, al que conocía íntimamente por haber vivido en las entrañas del monstruo. Al desenmascar la doble moral del PRI, Cuauhtémoc facilitó y justificó como empresa nacional la sustitución del PRI. Por ello la derrota de Cárdenas no fue total, pues logró reconocimiento a su labor reteniendo su partido la poderosa gobernatura del Distrito Federal. Más aún se vislumbra al PRD como la legítima oposición al nuevo gobierno al preverse que el PRI no asimilará su fracaso y quedará pegado a las mafias que por tanto tiempo le apoyaron.

En otro orden de ideas, Ernesto Zedillo merece crédito porque captó desde su llegada al poder que quedaba inconclusa la tarea de reformas electorales y constitucionales que comenzó Salinas de Gortari. Pronto se dio cuenta que lo principal en una democracia es revestir de prestigio y credibilidad a la maquinaria electoral, por lo cual creó el IFE modernizándolo después de consultar con todos los partidos políticos.

No obstante la tarea que espera a Vicente Fox es ingente y complicada sobre todo porque no tiene asegurado mayoría en las dos cámaras del Congreso Federal. Por ello fue adecuado y oportuno que en su discurso de aceptación la noche de su triunfo, Fox en vez de jactancioso y triunfalista pidió con humildad el apoyo de todos los partidos, dejando atrás cualquier resentimiento por los agravios recibidos por sus adversarios en el fragor de la batalla.

Cuatro problemas le son apremiantes: el alto desempleo, la miseria en sectores marginales, el flujo creciente de compatriotas que cruzan la frontera hacia los Estados Unidos y la terrible lucha contra el narcotráfico que tiene en la frontera norte el atractivo de su gran mercado, donde la demanda crece todos los días.

Para Nicaragua es una buena noticia el cambio de rumbo en la política mexicana, de la cual de ahora en adelante tenemos mucho que aprender esencialmente en materia electoral. Por otra parte con la integración de todos los países del área a un mercado común con México se abre una oportunidad para estrechar más los lazos tradicionales. A su vez, para los inversionistas extranjeros el golpe de timón dado en México les dará más seguridad y confiabilidad en que las reglas de juego serán respetadas.

Analista político.   

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