La guerra nunca más

En los últimos días LA PRENSA ha publicado una serie de reportajes especiales sobre el décimo aniversario del fin de la última guerra de Nicaragua del siglo 20, que deseamos fervientemente sea la última guerra nicaragüense de todos los tiempos.

El 27 de junio de 1990 la Resistencia Nicaragüense se desmovilizó ante los representantes de la Organización de Naciones Unidas para Centroamérica (ONUCA) y de la Comisión Internacional de Verificación de la Organización de Estados Americanos (CIAV-OEA), y en presencia de la recién elegida Presidenta de Nicaragua, Violeta Barrios de Chamorro

La causa de aquella sangrienta guerra fue la desviación totalitaria de la revolución democrática de 1979, debido a que el FSLN quiso sustituir la dictadura somocista con su propia dictadura totalitaria. Y porque, además, el FSLN se coludió con los regímenes marxistas de Cuba, la Unión Soviética y Europa para hacer de Nicaragua una cabeza de playa de la expansión comunista en América Latina y el Caribe.

En realidad, toda la mortandad, destrucción y atraso que sufrió Nicaragua por culpa de esa guerra, se habría evitado si en 1979 la dictadura somocista hubiera sido sustituida por un gobierno de coalición democrática; o si, posteriormente al triunfo militar del FSLN, éste hubiera convocado cuanto antes a una elección popular libre para el establecimiento de un gobierno democrático. Sin embargo no fue así y Nicaragua se sumió en la vorágine de la guerra y la destrucción.

Pero en junio de 1990, la guerra de Nicaragua terminó sin vencedores ni vencidos en el terreno militar. El fin de la guerra se logró, en efecto, gracias a un proceso político-diplomático de pacificación, que comenzó con la creación del Grupo de Contadora en 1983 y recibió un poderoso impulso con los Acuerdos de Esquipulas II firmados por los presidentes centroamericanos en agosto de 1987.

En los Acuerdos de Esquipulas II el gobierno sandinista reconoció por primera vez que la causa real del conflicto armado de Nicaragua era la profunda y hostil división que se había producido entre los nicaragüenses por la falta de libertad y democracia. Se abrió entonces un proceso de negociaciones y acuerdos del gobierno del FSLN con la Contra, por un lado, y con la oposición civil democrática, por otro, del cual se derivaron las elecciones libres, limpias y supervisadas del 25 de febrero de 1990, así como el cambio de gobierno el 25 de abril del mismo año. Y entonces comenzó la triple transición nicaragüense, de la guerra a la paz, del totalitarismo a la democracia y de la economía de Estado a la economía de libre mercado.

Sin dudas que la paz que ahora se disfruta en Nicaragua es relativa, llena de frustraciones y de promesas incumplidas, con remanentes de violencia armada, plagada de conflictos socioeconómicos y de rencillas políticas de toda clase. Sin embargo esta paz precaria es mil veces preferible a la guerra que sufrió el país en los años 80 y que ojalá que nunca más vuelva a ocurrir.

Ahora bien, para que nunca más la guerra vuelva a asolar a Nicaragua es necesario proteger las conquistas democráticas, cerrar el paso a quienes quieren de nuevo imponer las desviaciones continuistas, rechazar las imposiciones bipartidistas y autoritarias.

La única vía que conduce hacia una sociedad próspera y a la convivencia pacífica es el camino de la democracia y la libertad. Dios quiera que nunca lo olvidemos.   

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