Lo que más me impactó

ANNABELLE SÁNCHEZ DUARTE

Del Beato José María, fundador del Opus Dei, conservo recuerdos maravillosos que continuamente me sirven de puntos de apoyo para continuar con mi trabajo de pedagoga dándole un sentido cristiano a esta profesión.

Veintitrés de diciembre de 1968: La primera vez que le vi, hace aproximadamente treinta y dos años. Con un grupo de amigas casi volábamos por las calles de Roma en dirección a su domicilio. Teníamos la esperanza de sostener un encuentro con él pues así nos lo habían comunicado. La emoción iba en aumento, pues ya sentía que le conocía a través de sus escritos y, además, había disfrutado y me había identificado con su manera de pensar a través de un pequeño librito escrito por él, titulado Camino.

Desde que leí el primer pensamiento del libro, causó en mí mucho regocijo y me hizo gracia su estilo tan directo, tan claro y tan lleno de sentido común. Por supuesto que, también para gustar de esos escritos, debía tener un cierto grado de sinceridad para aceptar aquellas consideraciones que no precisamente halagaban mi vanidad.

Después de los saludos normales ––varias le veíamos por primera vez, en persona–– nos preguntó si ya habíamos almorzado. Por supuesto que contestamos negativamente, e inmediatamente, pidió que nos sirvieran un buen aperitivo: unas pizzas pequeñas, las cuales siempre me he preguntado en qué momento las cocinaron.

¿El impacto? …un corazón realmente de padre y de madre. Una persona que daba verdadera importancia a lo corriente, a algo tan poco intelectual pero indispensable para poder pensar, como es la alimentación diaria. ¿Cómo es posible que un hombre tan lleno de Dios y tan ocupado en tantos afanes de sus hijos, extendidos por todo el mundo, tuviera tiempo y energía para ocuparse de asuntos aparentemente sin trascendencia?… Precisamente en esa combinación de lo divino y lo humano es donde encontramos al verdadero hombre que busca la santidad en medio de sus ocupaciones diarias, ordinarias, cotidianas, sin brillo, sin ser noticia de primera plana en los periódicos.

Mayo 1971. Mis papás y yo estuvimos con él en una pequeña salita de su casa, en Roma. Con cuánto cariño e interés preguntó por Nicaragua. Se interesó por conocer cómo estaba la situación social de la gente y cómo podían ayudar más a los indigentes, las personas que gozaban de una situación socioeconómica más holgada. ¡Con cuánto cariño abrazó a mi padre, y tuvo la delicadeza de entregar a mi madre un recuerdo entrañable de familia!

Así tiene que ser la vida del cristiano corriente, ordinario, el que camina por las calles, el que está frente a una computadora, la madre de familia que está pendiente de todos los detalles de sus hijos y de su esposo, de las empleadas de su casa, de los marchantes en el mercado, de los enfermos en su familia, de la gente que encuentra en el supermercado. Es la vida ordinaria del hombre o mujer de negocios, del banquero, del político honrado que quiere ayudar genuinamente a sus conciudadanos.

No quiero terminar este artículo sin hacer referencia a la profundidad de la pedagogía del Beato Josemaría. ¿De dónde viene?… del concepto que tiene de la persona humana. Su antropología cristiana se expresa en una enseñanza muy querida de él: unidad de vida.

“Por eso puedo deciros que necesita nuestra época devolver ––a la materia y a las situaciones que parecen más vulgares–– su noble y original sentido, espiritualizarlas (…). Es lícito, por tanto, hablar de un materialismo cristiano, que se opone audazmente a los materialismos cerrados al espíritu”. (La personalidad del Beato Josemaría Ecrivá de Balaguer, pág. 83). En estas palabras se encierra toda una idea de educación fundada en el trabajo. Tener aspiración a la obra bien hecha, acabada, que pueda ser decorosamente ofrecida a Dios y a nuestros hermanos los hombres.

Estudio, trabajo, servicio, intelecto, voluntad, conducta. Para poder buscar la santidad en medio de las ocupaciones ordinarias que cada uno realiza, que son las que tendremos toda nuestra vida, hay que mejorar la formación profesional la cual mejora también la parte humana, si dejamos que ésta se abra a Dios.

La autora es Doctora en Educación.  

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí