Privilegiados, quienes más temen al “waiver”

  • La ayuda directa de los
    Estados Unidos, como
    también los préstamos y donaciones de los
    organismos financieros,
    favorecen primordialmente y a veces en exclusiva, a la clase política dominante

Mario Alfaro Alvarado

Bogante entre el cinismo y lo inverosímil, no hay duda que este es un país de simulación y falsos valores.

Un ministro arnoldista con patética vehemencia pidió a los nicaragüenses nacionalizados en los Estados Unidos que actuaran con patriotismo, que dejarán de reclamar las propiedades que les fueron confiscadas por el partido sandinista, convertido ahora en socio del arnoldismo.

Un diputado danielista, de esos llamados honorables Padres de la Patria, dijo que era cruel y antipatriótico lo que hacían los “gringos caitudos” al reclamarle al Gobierno la devolución de sus propiedades en estos momentos tan difíciles para el país.

¡Cuánta coincidencia en el pensar y el hablar de arnoldistas y danielistas!

El ministro desde su alto sitial de ciudadano privilegiado, recuperó pronto lo que los sandinistas le habían quitado. ¿Hablaría de patriotismo si todavía hiciera fila entre los confiscados?

Para el diputado danielista es cruel y antipatriótico reclamar lo que su partido les arrebató a esos nicaragüenses, que para obtener justicia tuvieron que convertirse en ciudadanos estadounidenses. Pero no es cruel ni antipatriótico haberlos despojado y repartido sus bienes en una alegre piñata.

Las apelaciones al patriotismo de arnoldistas y danielistas, la lucha de los confiscados por recuperar lo que les arrebataron, las gestiones de esos nicaragüenses que cambiaron su nacionalidad para demandar justicia, la iniciativa de unos congresistas de Washington para ponerle fin a las mentiras, las promesas varias veces incumplidas y el manoseo a la indulgencia de la Casa Blanca al otorgarle un “waiver” a este gobierno año con año, tienen un origen común. Todos esos hechos se reúnen en la piñata sandinista de cuyos despojos se han beneficiado también los arnoldistas y entrambos la han convertido en el centro de gravedad del pacto libero-sandinista.

La anulación del derecho que tienen los seres humanos a poseer algo y la sustitución de ese derecho por el atraco legalizado para beneficio de los pactantes, es la génesis de todos los males que enfrenta Nicaragua. La falta de seguridad en la posesión de bienes, la facilidad que otorgan las leyes de la piñata para despojar a cualquiera para favorecer a los aventureros políticos que detentan los altos cargos de la administración del Estado, han generado desempleo, han reducido drásticamente la producción del país, han bajado las exportaciones y aumentado la exportación de mano de obra barata para hacer crecer el flujo de las remesas familiares que proveen de dólares a la macroeconomía, el ídolo dilecto de los economistas del gobierno arnoldista.

¿Por qué los privilegiados le temen tanto a eso llamado “waiver”? La respuesta es simple. La ayuda directa de los Estados Unidos, como también los préstamos y donaciones de los organismos financieros que sostienen con un endeudamiento continuo a la economía del país, favorecen primordialmente y a veces en exclusiva, a la clase política dominante, a los “piñateros”, a los fabricantes de “checazos”, a los que viven en la abundancia sin importarles la suerte de los de abajo.

En cambio a los miserables que comen cuando más una tortilla sin otra cosa, en cada tiempo de comida, no les llegan los beneficios de los préstamos ni las ayudas ni las donaciones. Esa gente ha vivido y seguirá viviendo así si no se propician cambios políticos y sociales. Dichosamente ningún efecto les produce el “waiver”, porque la tortilla que consumen no proviene de los programas del gobierno, que son para privilegiar a los paniaguados; sino de los humildes campesinos, los llamados por los técnicos “productores espontáneos”, que en pequeñas parcelas, sin préstamos, sin ayudas, sin asistencia técnica, sin ninguna atención gubernamental siembran y producen. Estos son los que alimentan la infraeconomía y dan de comer a los pobres y miserables.

Los privilegiados sienten temblor en sus bolsillos y peligrar la buena vida que se dan; por eso piden patriotismo a los que reclaman lo que en justicia les pertenece y en nombre del pueblo suplican en Washington para que no detengan la ayuda. Pero al pueblo le da igual porque con ayuda o sin ayuda serán siempre miserables bajo este gobierno.

El autor es periodista.   

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