Un momento con mi padre

A Ismael Farrach

He querido compartir en el Día del Padre mi nostalgia, tal vez así se aligere su peso y su prisión, que llena y abarca la memoria. ¿Qué es la memoria?, ¿los recuerdos?, ¿el pensamiento? Son tantas imágenes que forman parte de la experiencia de la vida, y un momento que está conmigo en la eternidad de lo que la mía dure, será mi padre a mi lado, dándome seguridad, confianza y sobre todo amor sin sobreprotegerme. Hoy evoco las pecas en sus antebrazos, su linda sonrisa y el brillo de sus ojos; su mano derecha en el timón y con la izquierda saludando a sus amigos, mientras me cantaba en los caminos, yendo a comprar la carne de la semana y en las rutas a una finca relatándome cómo él veía mi futuro y alimentando la fuerza que según él estaba en mí y en mis sueños.

Era él un soñador empedernido, y un buen hombre en el balance de sus aciertos y errores. Me sentí a su lado siempre feliz, siempre. Y debo darle gracias a Dios por haberlo conocido, ha sido lo mejor que me ha pasado. Me veo a su lado, tan pequeña de unos 8 años quizás, buscando arco iris, lo veía tan recio, tan fuerte que pensé era eterno, y ya no está aquí, pero él vive en mí. Hace 8 años desapareció físicamente, no escucho su voz, ni su guitarra, leyendo sus poemas; y sobre todo sus palabras de apoyo. Pero cada día lo recuerdo y creo que los padres siempre están con nosotros, por lo que fueron y porque somos la prolongación de ellos, o por lo menos rasgos suyos quedan aquí.

Siento que él reposa ya. Su enfermedad bastante sufrimiento le causó, y es este escrito un pequeño homenaje al hombre que dejó a mi familia y a mí: amigos imborrables, bellos recuerdos, un nombre, y sobre todo, ganas de amar, tan intensamente como él lo supo hacer.

Su hija

DRA. MARIA ELENA FARRACH   

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