Cartas al Director

La salud mental ha sido definida por la OMS como “un estado de bienestar en la cual el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las presiones de la vida, trabajar productiva y fructíferamente y contribuir a su comunidad”.

Decepción entre inmigrantes por aplazamiento de medidas sobre inmigración

En California, donde residen más de 11 millones de personas con raíces mexicanas, según cifras oficiales, el portavoz de la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes de Los ngeles (CHIRLA, por su sigla en inglés), Jorge Mario Cabrera, calificó de «decepcionante» la «decisión mal informada» de Obama.

“El sueño americano ya no existe, al menos por ahora”

Cuando la economía estaba en auge a mediados de la década de 2000, muchos inmigrantes del país fronterizo al sur de California despreciaron el trabajo en el campo a favor de la construcción y los empleos en el servicio gastronómico. Luego, directamente dejaron de venir a las granjas estadounidenses.

Obama promueve un Sueño Americano más modesto

Cuatro años después de ganar la Casa Blanca, mientras busca la reelección, Obama enfrenta una realidad económica y política diferente. Ahora se enfoca menos en una visión noble tendiente a superar las divisiones y reformar Washington, y más en la tarea básica de fincar los cimientos de la seguridad económica para la clase media: empleo, vivienda, educación para los hijos, atención médica, ahorro para el retiro.

Cartas al Director

Hoy se está escribiendo otra página en la historia de la lucha de los pueblos de todo el mundo por la libertad y la democracia. Hoy el pueblo de Libia emprende un nuevo camino en la construcción de una sociedad más justa e igualitario.

“Tengo el corazón en la mano”

Alberto, de 36 años, es uno de los tantos migrantes nicaragüenses, y centroamericanos que conocen del peligro y la violencia a la que están expuestos desde que salen de su país hacia México o Estados Unidos, en busca del “sueño americano”.

Carlos o el sueño americano

Cuando yo era niño se hablaba en mi familia de un lejano tío que, una mañana soleada, dijo a su mujer que iba un momento a la Plaza de Armas de Arequipa a comprar el periódico. No volvió nunca más y sólo muchos años más tarde se supo que había muerto en París. Cuando yo preguntaba a qué se había fugado ese tío a París, la abuelita Carmen y la Mamaé me respondían al unísono: “A qué iba a ser, ¡a corromperse!” Entre los miles de proyectos que se me han pasado por la cabeza figuró alguna vez el de tratar de averiguar la singular aventura de ese pariente prófugo y relatarla en un libro.

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