Por Francis García Kreimann
Alberto, de 36 años, es uno de los tantos migrantes nicaragüenses, y centroamericanos que conocen del peligro y la violencia a la que están expuestos desde que salen de su país hacia México o Estados Unidos, en busca del “sueño americano”.
El viaje es difícil para los migrantes que se van “mojados”, que deben pasar por un sinnúmero de vicisitudes, durante la travesía, como Alberto, quien se encuentra en el Albergue Hermanos en el Camino.
El organismo no gubernamental, dirigido por el sacerdote Alejandro Solalinde, acoge a decenas de migrantes de Sur y Centroamérica que pasan por el hogar y se van buscando siempre al norte, uno, dos o tres días después de haber arribado al albergue que funciona desde el año 2007.
Alberto Donis, quien colabora con el padre Solalinde, afirmó ayer a LA PRENSA, vía telefónica, que al albergue llegan entre 20 y 25 nicaragüenses al mes, que luego siguen su trayecto hacia Estados Unidos o al interior de México, como el caso de Alberto.
Decenas de nicaragüenses han tomado esa ruta desde que funciona este albergue.
Desde ahí fue donde salieron 46 salvadoreños, 40 hondureños, 39 guatemaltecos y seis nicaragüenses, el 24 de junio de este año, el mismo día que se registró un secuestro masivo de migrantes y de quienes aún no se tienen noticias.
Las autoridades del albergue desconocen quiénes de los que tomaron el tren estarían entre los secuestrados.
El albergue Hermanos en el Camino está ubicado en la ciudad Ixtepec, Estado de Chiapas. En el sitio web del organismo no gubernamental (www. hermanosenelcamino.com) se explica que esta ciudad es el centro de operaciones de la delincuencia organizada “para obtener enormes ganancias lucrando con los transmigrantes, de todas las formas posibles”.
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El último viaje que Alberto hizo a México, transbordando, describe la difícil situación por la que pasan los migrantes. “Cada día se pone más peligroso, y la verdad es que es la última vez que viajo en bus, la próxima voy a tener que agarrar un avión, porque cada vez esto se pone más horrible, la situación está demasiado intensa aquí”, expresó , en referencia al crimen organizado.
Alberto (el nica), quien también habló con LA PRENSA, viajó hace dos años y medio a México, logró asentarse en una ciudad del estado de Tlaxcala, donde obtuvo sus documentos de identificación mexicano y ahora busca su nacionalidad mexicana.
Para ello hace unas semanas las autoridades de ese país le pidieron la actualización de su partida de nacimiento y su fe de bautismo, por los que vino a Nicaragua hace ocho días, acompañado por su esposa, de origen hondureño.
Alberto cuenta que después de obtener sus papeles emprendió su regreso a México. El matrimonio salió de Nicaragua a Guatemala en un bus de una compañía de transporte terrestre. En Ciudad Guatemala tomaron un camión hacia Tecún Umán, frontera entre Guatemala y México.
Luego pasaron a Ciudad Hidalgo, ya en México, y siguieron hacia Tapachula, y luego a Huixtla, ambos en el estado de Chiapas. En este último lugar comenzó el calvario del matrimonio.
“En un pueblo que se llama Huixtla, ahí mismito la policía municipal y estatal, nos paró, nos robó los documentos (incluso los papeles mexicanos). Todos nos lo quitaron, hasta la mochila nos robaron, nos dejaron solo con la ropita que andábamos puesta”, relata Alberto. “La policía municipal y estatal son los que te roban y también los delincuentes”, aseguró.
Alberto comentó que los agentes y delincuentes están coludidos y se informan entre ellos para asaltar a los migrantes.
“Tuvimos que pedir dinero a la gente para poder comer y seguir nuestro camino”, explica Alberto. “Venimos pidiendo de pueblito en pueblito (…). Fuimos avanzando (…) hasta que llegué aquí (al albergue Hermanos en el Camino), pero la cosa se me puso extremadamente horrible”, asegura.
Alberto fue amenazado por quienes él describe que son miembros de la mara “Salvatrucha” que “trabajan con el crimen organizado, con Los Zetas. Tengo un miedo horrible, porque no es uno ni dos, es un grupito, es una banda que está organizada pero demasiado fuerte. Son como 30 o 40. Los que están aquí son Los Zetas. Tengo el corazón en la mano, no hallo ni qué hacer”.
Alberto no puede salir del albergue por las amenazas de muerte, debe pagar dos mil dólares por él y otra cantidad igual por su esposa. “Ahorita mismo tengo problemas, me están esperando salir para matarme. Aquí delante de todo mundo vinieron y amenazaron a mi esposa: ‘A ti y a tu marido, si no pagan la cuota los vamos a matar cuando salgan de aquí’”, dijeron los bandidos frente al albergue.
“El problema es que esta basura quiere que uno les pague ‘a huevo’ para que te dejen pasar por un lugar, aunque este país es libre”, explica Alberto.
Los Zetas, un grupo de narcotraficantes que no solo se dedican al tráfico de drogas sino que reclutan a migrantes o a sus propios compatriotas, son los señalados de haber capturado y matado a un grupo de 72 inmigrantes de Centro y Suramérica, en agosto de 2010. A este grupo criminal también se le atribuye la matanza de 27 campesinos en una finca en Petén, Guatemala.
El nicaragüense narra cómo los bandidos amenazan a los migrantes, como fue su caso. “Cuando tú llegas al albergue, todo mundo te sigue. Te dicen ‘yo te llevo por tanto, tanto te cobro’. Cuando tú dices ‘no loco yo no tengo para pagar, yo no quiero viajar con nadie’, entonces los ‘batos’ te dicen: ‘¿cómo te veniste de tu país si no tienes dinero para viajar o para pagar? Tú tienes que pagar para pasar sino, no te dejamos pasar y te matamos’”.
LA PRENSA fue puente de comunicación entre Alberto y su padre, quien vive en el norte del país. Ambos se lograron comunicar ayer para ayudar al migrante a solucionar su situación y que este termine de llegar a su hogar en Tlaxcala.
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