La sinergia político-partidaria entre los jóvenes y los adultos

La sinergia no se puede limitar al mero sentido del significado y decirlo como modismo o como una frase bonita, “de que el todo es mayor que la suma de las partes”. Esa frase tenemos que ponerla en contexto en la parte organizativa de los partidos políticos. Sólo así podremos construir un mejor modelo para hacer política partidaria.

El espíritu de abril y los nuevos liderazgos

Urge que la organización avance entre los que compartimos visión y afinidad. Necesitamos revitalizar el activismo, reconstruir la solidaridad internacional no solo de los gobiernos sino de los ciudadanos demócratas, reencender la conciencia de quienes por miedo o cansancio, se han apartado del camino.

La fatídica realidad de la oposición

El cambio cultural no puede esperar. Gracias a todos estos pactos y saltos de democracias experimentales que hemos visto en los grupos de oposición, ha surgido una decadencia en la sociedad nicaragüense que nadie toma en cuenta, lo que nos da como resultado indiferencia y escasa participación política.

La autodestrucción del joven

Se ha construido un mundo de zombis que no sabe, no contesta a nada y que no decide nada por sí mismo, sino que es llevado cuál enfermo hacia la nada. Esta sociedad está matando literalmente a toda una generación de jóvenes y planea seguir haciéndolo.

Recuperemos nuestro país

Las juventudes, con una vocación de país, estamos trabajando para darle ya no esperanzas si no propuestas a la ciudadanía, por medio del diálogo y la apuesta cívica de hacerle frente a la dictadura y a una élite vintage que nunca comprendió que nuestro país empezó a cambiar, un país que hoy nos da dos opciones: lo perdemos o lo recuperamos.

Las huellas del tiempo

El tiempo siguió sumando más canas, arrugas y menos energías, sin importar ideologías. A muchos de los que se fueron con la sirena se les agotó el sueño y han buscado refugio donde obligaron a marchar a sus retadores.

La carrera por llegar a ser centenarios

Vivir hasta los cien años convertidos en unos Dorian Grey (el célebre personaje de Oscar Wilde que es visto como un sinónimo de vanidad en busca de imperecedera juventud), representa todo un reto que la inmensa mayoría no se plantea. O ni siquiera contempla como una quimera alcanzable.

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