La fatídica realidad de la oposición

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A lo largo de estos casi 8 años de resistencia cívica de la oposición nicaragüense, sigue teniendo el mismo patrón de comportamiento que no ha hecho más que estancarnos en temas repetitivos y que aún no se han superado. Seguimos abordando y normalizando dentro de las propuestas nacidas en grupos donde se discuten propuestas monótonas, sobre campañas que ya se han hecho y cuyo impacto ha sido de poca repercusión; comunicados, condenas enérgicas, etc., Son algunos de los tantos intentos de “visibilidad” que en la teoría suenan maravillosas, pero en la práctica, el alcance no es significativo, no se alejan de la burbuja de la sociedad civil y la pocas personas que siguen la problemática nicaragüense de la comunidad internacional. En estos grupos hemos visto comportamientos de adulación y eterno caudillismo en búsqueda del mesías que nos pueda sacar de la miseria; sin embargo, el trabajo en la sociedad no vendrá desde fuera, ni los cambios serán mágicos porque cierto líder u organización internacional con el cumplimiento de sus compromisos en papel, vaya a hacer el cambio. 

La creación de organizaciones que tienen un ciclo de vida muy corto y que a pesar de que muchos se refieren a que los espacios cumplen con “objetivos” en un determinado tiempo, vemos que esos mismos objetivos son los mismos que se repiten en la creación de nuevos espacios estériles en ideas, siendo una copia de iniciativas anteriores, pero con comisiones “nuevas” e ideas “nuevas” con la misma estructura. La juventud merma cada vez más, porque el sostenimiento económico le impide seguir el estilo de vida de organizaciones donde los promotores de la democracia impulsan iniciativas gracias a las cuales solo ellos reciben ingresos que le ayudan a seguir con la resistencia contra la dictadura. Pero, la juventud se ve obligada a abrazar la cotidianidad del país adoptivo: sus estudios, trabajo y la creación imprevisible de una familia, ponen un ultimátum el futuro de su vida, viéndose obligada a establecerse y olvidarse de lo que algún día fue la llama del “autoconvocado» que tenía como objetivo el cambio para su país.

La propuesta que debemos llevar los jóvenes es cambiar el tipo de pensamientos que nos han implantado estos últimos 85 años de socialismo, que han pasado por 3 generaciones: La mediocridad, conformismo y la anticultura, construidos desde un sistema político que solo vela por sus interese personales y económicos, influenciados por organizaciones regionales que han impuesto el narcotráfico y la pobreza. Es necesario transformar el sistema político actual, el sistema presidencialista concentra el poder en un solo individuo e incentiva el caudillismo y facilita el clientelismo. Podemos dirigir la mirada hacia otro punto, el sistema parlamentario es una opción de representación más amplia que favorece la participación política y capacidad de respuesta a la crisis y que descentraliza el poder, esto implica un cambio de constitución a través de una asamblea constituyente, que refleje un nuevo compromiso con la democracia participativa y la transparencia, para adoptar principios que incentiven el desarrollo económico, la propiedad privada, el respeto a los derechos humanos y a un fortalecimiento del estado de derecho. Solo así podremos construir una sociedad libre de corrupción, con oportunidades reales para todos y una cultura basada en el esfuerzo y la transparencia.

Entonces, ¿qué es la oposición? En mi perspectiva, tenemos una oposición de panfleto que solo ha sobrevivido por el sometimiento de la dictadura, una especie de oposición que, ni es tan política, ni es tan de sociedad civil. Esa delgada línea entre lo político y lo social se vuelve tan ambigua que crea desconfianza dentro de la pequeña y profundamente debilitada oposición en el exilio. Las acciones que toman sin considerar las repercusiones están fuera del radar de estos grupos, que se toman a la ligera temas tan importantes como las sanciones. Pero ¿qué pasa cuando aislamos económicamente a la dictadura? Tenemos que alzar la mirada hacia la problemática real: la pérdida de empleo, relacionado a la suspensión del Cafta ya ni siquiera vista como resistencia cívica en la sociedad de a pie, pues no es tan importante como llevar un plato de frijoles a la mesa. Claro, es fácil hablar sobre el ataque directo o las consecuencias especulativas e imaginarias de lo que sería un golpe a la dictadura; pero no nos damos cuenta de que no solo afecta a un grupo minoritario cercano al gobierno, sino a una gran mayoría de familias nicaragüenses que están en el umbral de la pobreza se ven afectados directamente.

El cambio cultural no puede esperar. Gracias a todos estos pactos y saltos de democracias experimentales que hemos visto en los grupos de oposición, ha surgido una decadencia en la sociedad nicaragüense que nadie toma en cuenta, lo que nos da como resultado indiferencia y escasa participación política. El fenómeno de 2018 fue una oportunidad que se vio opacada por los intereses políticos, personales y económicos de varios sectores. Una oportunidad que no se volverá a repetir,. se nos ha enseñado a depender directamente de políticos que no ayudan al cambio ideológico y cultural, que solo prometen, y cuyas promesas quedan enterradas en nuevas propuestas y así sucesivamente.

Ahora, la mayoría no reflexiona sobre la forma de “vivir” que en este caso en Nicaragua se vuelve sobrevivencia. En un país hostil que de primera mano te ofrece el empleo informal y precarizado, una investigación de Nicaragua Investiga (Nicaragua, un país estancado” en la informalidad) del 2023) nos expone que en Nicaragua los trabajadores informales representan el 80 por ciento de la fuerza laboral. Además, tomando en cuenta los índices de pobreza, y los salarios absurdos, siendo el mínimo de 10 mil córdobas, la canasta básica en 20 mil córdobas, sin contar alquiler y servicios básicos, entonces no es difícil hacer una matemática básica para entender cuál es el interés del nicaragüense promedio. Las personas que viven en Nicaragua no comen democracia, no comen propuestas y mucho menos planes estratégicos.

Esto no es una crítica directa a una persona en específico, sino un llamado a la reflexión. No hay legitimidad en algo que ni siquiera tiene representatividad.

El autor es activista político, estudiante de Contabilidad.

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