Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
Las leyes dejaron de valer y desde hace unos meses el delito lo define el humor con que amanezcan Daniel Ortega, Rosario Murillo y sus esbirros como si del País de las Maravillas se tratara.
Solo una acción política trascendental tendiente a revertir el curso de colisión contra el mundo que lleva el régimen y abrir un espacio hacia la democratización real del país, podría cambiar el destino, que ya está escrito sobre piedra
La desesperación del orteguismo es tal que ha implementado sin decreto alguno un virtual estado de sitio, los paramilitares allanan hogares, toman prisioneros a cualquier hora del día o de la noche
Que Cristo haya bendecido a quienes luchan y sufren por la justicia implica tanto la nobleza y el mérito de hacerlo, como la existencia del deber moral de combatir la injusticia
Dirigentes empresariales lo han dicho: no se puede resolver la crisis, de naturaleza política, con medidas económicas
Yo no hablo de altos cargos. A esos se les supone niveles de fidelidad personal a los dirigentes y enormes gargantas para tragarse sapos
Hay mentiras que las puede repetir mil veces, un millón de veces, y no se van a convertir en verdad por eso. Lo de Goebbels, doña Rosario, no es un conjuro.
La nueva revolución azul y blanco, reprimida a sangre y fuego no tiene que buscar nuevas promesas ni principios, están escritos en piedra
En los tiempos del pasado era más fácil para los gamonales militarotes que llegaban al poder a punta de asaltos y golpes de Estado apoderarse de la silla presidencial
Ortega, en su primera dictadura (1979-1990), bendijo los ataques de sus “turbas divinas”, desapareció a numerosos líderes miskitos y contras